
Hace tiempo que quería escribir sobre la empatía. Tres hechos, que os voy a contar, me han cargado de motivos para hacer este post.
La empatía consiste, por definirlo brevemente, en “saber ponerse en el lugar del otro” para comprender sus razones y expectativas. Las personas empaticas tienen la capacidad de “visualizar” lo que sienten y piensan los demás.
La empatía es la cualidad número uno que debe tener una persona que piensa y actúa en clave 2.0.
Contaré ahora los tres motivos que me han impulsado a escribir este post.
El primero tiene que ver con los discapacitados. El otro día ocurrió algo que me dio muchísima vergüenza y también, tristeza. Resulta que aparqué mi coche en un paso de cebra pues iba muy de prisa porque me cerraban el banco, y tenía que cobrar un cheque.
Apenas cerré el coche, fui corriendo al banco y cuando estaba entrando vi a un señor que venía con un carrito de discapacitados por la acera, un poco más lejos, y la verdad, confieso que me vino a la mente la lejana posibilidad de que mi coche le pudiera impedir el paso, pero con tanta prisa seguí en lo mío.
Al salir del banco, me encontré un notita en mi parabrisas, que pensé que era una multa, en la que decía: “Soy un puñetero inválido, que hoy, gracias a su egoísmo, no he podido pasar de aquí. Piense en los demás“. Era un papel impreso en ordenador, con fondo blanco, y las letras en azul.
Pufff, de repente me vino a la mente aquel señor que venía por la acera, con su carrito, sufriendo sus circunstancias mientras yo caminaba muy pancho hacia el banco, y se me caía la cara de vergüenza pensando. ¡¡Cómo puedo haber sido tan egoísta!!
Pasé el resto del día repitiendo esa frase tan certera de “piense en los demás“, que no dejó de retumbar en mi cabeza, porque ese hombre tenía toda la razón del mundo.
Lo que para mi era tan importante (cobrar a tiempo un cheque) no tenía ni asomo de comparación con lo que significaba para él traspasar esa barrera que yo había puesto inconscientemente.
De las equivocaciones hay que aprender para transformarlas en errores inteligentes, así que estuve pensando bastante sobre el tema. Me he preguntado, por ejemplo, que si resulta que yo, que me considero una persona generosa y comprensiva con los demás, puedo fallar así, ¿Qué cosas hará la gente apática e insensible?
Puedo sacar muchas conclusiones, pero la más importante (aunque suene obvia) es que resulta muy complicado “ponerse en el lugar de otro” si has vivido experiencias distintas.
Uno racionalmente debería darse cuenta, pero mi actitud hubiera sido muy distinta si habría tenido un familiar con una situación similar o hubiera sufrido yo mismo una limitación parecida.
La segunda experiencia tiene que ver con la emigración. He estado leyendo mucho sobre esto en los últimos tiempos, y es algo que me tiene muy sensibilizado.
El debate sobre la emigración que tenemos hoy en España está lleno de hipocresía y de egoísmo. No tenemos memoria histórica, porque hemos olvidado las facilidades que tuvimos cuando fuimos emigrantes.
Pedimos ayuda cuando comíamos hueso, y ahora no queremos compartir el jamón.
¿Qué tiene que ver esto con la empatía? Pues que si recuperáramos la memoria histórica, tal vez seríamos capaces de revivir las sensaciones de un emigrante español de los años 40 (que bien podría ser un abuelo nuestro), y trasladarlas a lo que siente un latinoamericano o africano que llega hoy a nuestras tierras.
Pues bien, estos dos ejemplos me llevan a pensar en lo bueno que sería que a las personas nos permitieran participar en ejercicios como estos:
- Actuar como un discapacitado durante quince días, o un mes, para vivir lo que ellos viven, y comprender lo que significan esas barreras en su vida.
- Suplantar el papel de un inmigrante (y de ser posible, que lo parezcamos externamente) para entender las dificultades que rodean su vida solo por no tener un papel que certifique que son “españoles”.
Estos “juegos de rol” deberían practicarse en todas las escuelas y universidades para favorecer una lectura más empática de la vida, y echar abajo cualquier tentación de intolerancia. Sería un modo eficaz de edificar una mentalidad más flexible.
En cuanto la emigración, os confieso que llevo bastante tiempo deseando encontrarme con un cineasta que tenga la paciencia de escucharme, para intentar convencerlo de que haga una película con el guión que os voy a contar.
Imaginémonos este escenario: en el año 2020, colas de ciudadanos españoles (nosotros mismos podríamos estar ahí) en las embajadas de Ecuador, Cuba o Marruecos para pedir un visado que nos permita emigrar a esos países que, por jugarretas del destino, están en ese momento muchísimo mejor que España.
La película podría describir, metafóricamente, el estrés que sufre el español en la cola porque no sabe si le concederán el visado, y después, el hondo agradecimiento que siente cuando el funcionario extranjero le informa con amabilidad que su solicitud ha sido aprobada y podrá emigrar sin problema.
No deseo (ni mucho menos) que eso se produzca, pero estaría bien un filme así, que sirva a las personas que no han vivido jamás en carne propia el drama de la emigración, o para aquellos que la han olvidado, a “ponerse en el lugar del otro“.
El tercer ejemplo está relacionado con la política. El otro día escuché a la Vicepresidenta De la Vega, decir: “yo sé lo que es ir a un mercado y ver que aumentan los precios (…), yo sé lo que es perder un empleo“. He pensado inmediatamente que es una afirmación atrevida, y puedo creerle a una persona como De la Vega por la que siento un gran respeto, pero…
¡¡Conozco a tan pocos políticos que sean empáticos!! ¿Los conoces tú?
La mayoría de ellos vive en la estratosfera, en “su mundo”, no tiene ni idea de lo que siente un ciudadano común, mientras que sus prioridades son escalar y figurar en las fotos de las noticias que dan votos.
Si son altos cargos tampoco viven los problemas reales de la gente, pues llegan a todas partes con los privilegios que concede la etiqueta de “autoridades” y disponen de una retahíla de ayudantes que se encargan de quitarle problemas comunes de encima, y así alejarlos aún más de la realidad.
En fin, por terminar este largo post (se nota que el tema me importa), tendremos que hacer algo para aprender a ser más empáticos. El problema es tan básico, que los investigadores están descubriendo, incluso, que la empatía ha sido en los animales una ventaja de la evolución, y la verdad es que no me extraña.
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Tags: 2.0, actitud 2.0, aprender de los errores, barreras, cine, coherencia, egoismo, emigracion, errores inteligentes, inmigrantes, juegos de rol, metafora, política, políticos, ponerse en el lugar del otro
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Hola Amalio,
estpy dinamizando equipos de trabajo y la verdad la empatía es una capacidad de la inteligencia empocional que me gustaría trabajar con ellos pero no tengo herramientas potentes con las que poder trabajar, me podrías ayudar por favor?
Muchas gracias
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El ejercicio que propones me parece muy adecuado.
Seguro existen otras posibilidades de *entrenamiento*. Os propongo el voluntariado en el hospital, abre mucho la mente, no os podéis imaginar cuánto.
Después de pasar por algunas Unidades y “vivirlas” crece la semilla de la empatía sin enterarte. Y algunas otras semillas muy productivas para nuestra salud emocional también se verán abonadas.More from author
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Buenos días, Amalio.
No estoy excesivamente de acuerdo con eso que dice guambiana sobre que uno nace empático o no. Yo no conozco a ningún bebé que al nacer haya provocado en el médico decir eso de: “ha tenido usted un empático”. Creo que es como la disposición general a la venta, que hay una cierta predisposición vital originada por una serie de cualidades personales que, bien desarrolladas y entrenadas, logran que esa habiidad sea mayor.
Pienso que la empatía se entrena. Y ha de hacerse desde la infancia. Y los padres tienen un papel fundamental en esto. Aún recuerdo siendo pequeña, viendo como mi madre sacaba mi mejor abrigo del armario y se lo daba a la asistenta de casa. Y como me decía lo frío que era el invierno y lo mal que lo pasaría esa niña sin mi abrigo.
Después de la infancia, cualquiera que esté interesado en su desarrollo personal y quiera crecer, tiene que ver la empatía como un elemento clave en la inteligencia emocional, en el como nos relacionamos con los otros y en las relaciones constructivas que tenemos con los otros.
Indudablemente, nos resulta más fácil ser empáticos con aquellos que viven situaciones similares a las nuestras, y mucho menos con aquellos que han tenido una vida radicalmente diferente. Yo creo que en estos casos, el esfuerzo ha de ser mayor. Y ha de tener una componente de respeto importante.
Creo que era Emily Dickinson quien decía que todos vemos la vida desde nuestra ventana favorita. Pero que, de vez en cuando, hemos de intentar verla por la favorita de los otros. Ahí, para mí al menos, está la clave.
Interesantísimo tema. Gracias por proponerlo.
Un cordial saludoMore from author
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