A una persona como yo, que se dedica a la innovación, le cuesta mucho asimilar las ventajas de andar más despacio.
Lo entiendo a nivel personal, pero me costaría recetarlo a las empresas.
Los que nos dedicamos a esto andamos siempre por ahí repitiendo palabros como rapidez, velocidad, acelerar el time-to-market, ser ágiles, correr y más correr.
A más “líquida” va la sociedad, más de prisa sugerimos que anden las empresas. Literatura de esto abunda en nuestros libreros, y nos parece todo muy natural.
Esto me recuerda una frase estupenda que escuchó decir un amigo a un taxista: “cuando me falta tiempo, duermo más de prisa”, y así andamos todos.
En esa búsqueda encontré el libro “Elogio a la lentitud”, de Carl Honore (RBA Libros), que explica los fundamentos del llamado “Movimiento Slow”, según el cual la lentitud no tiene que ver con la ineficacia sino con el equilibrio: actuar con rapidez cuando tiene sentido hacerlo, pero ser lentos si es lo que resulta más conveniente.
La obra de Carl Honore habla precisamente de esto, y es un libro que recomiendo. De hecho, a mí me parece que el Movimiento Slow es casi un hermano gemelo (y complementario) de la Teoría del Decrecimiento que comenté en mi post anterior.
La obsesión por el crecimiento te lleva a andar siempre de prisa. En cambio, si te planteas otros objetivos distintos al consumo, o al tamaño por el tamaño, entonces sí que es posible ralentizar el ritmo.
Carl Honore invita a ralentizar el paso en muchos ámbitos donde resulta más conveniente hacerlo, incluyendo el trabajo, la comida, las ciudades, el sexo, la medicina y el ocio, entre otros. Propone saborear más la vida, huir del agobio, recuperar nuestro tiempo, desacelerar el ciclo de vida y en definitiva, poner freno a lo que Honoré llama el “Turbo-capitalismo”.
Otra vez enlaza con los postulados de la Teoría del Decrecimiento que reclama una “reconquista del tiempo personal, de un tiempo cualitativo”, y lo explica así:
“El Decrecimiento propone ralentizar para vivir más en sintonía con nuestros ritmos naturales, recuperar el gusto por caminar e ir en bicicleta, el contacto y el intercambio con otras personas, con la naturaleza, la relación humana del mercado de productores y el placer de la cocina basada en productos de temporada”
¿Y si innováramos para andar más lentos?
Ahora en el mundo de la empresa 2.0 hablamos de “innovación continua” y de “Beta perpetuo”. Esto significa: ¡¡no pares nunca de innovar!! Se acabó el paradigma de la “gestión de versiones”, que te permitía pegarte un cierto descanso entre una versión y otra, mientras la empresa amortizaba con ventas los costes de desarrollo.
Entonces yo me pregunto: ¿cuándo paramos? ¿cuándo descansamos? Porque, pensándolo bien, la innovación continua puede generar tensión tanto en el que la produce (la empresa) como en el que la consume (los clientes).
No sé por qué intuyo que este modelo de innovación crónica tiene que tener algún efecto perverso. No me creo que sea tan bueno. Todo esto genera una entropía, un estrés innovador, que es contraproducente.
¿Los productos nunca se estabilizan? ¿Tenemos que estar cambiándolos constantemente y volviendo a re-aprender? ¿Qué necesidad hay de eso?
El Wikcionario define “entropía” de un modo que acierta de pleno en lo que quiero decir: 1) magnitud que identifica cantidad de desorden en un sistema, 2) magnitud que mide la cantidad de energía que se pierde, 3) medida de la cantidad de “ruido” presente en una señal, 4) tendencia de los sistemas al caos y al desorden con el paso del tiempo.
Esta prisa por vivir y por dejar atrás un evento (producto) tras otro sin disfrutar lo suficiente de lo conseguido es lo que me desconcierta del presente. Me apasiona la innovación, pero con una cadencia más humana. Nos estamos dejando llevar por el mercado, y no sé si hay otro camino posible.
Estas dudas quiero resumirlas con esta paradoja planteada por el libro “Menos es más”, de Nicolás Ridoux, que me parece fantástica y seguro que nos hace pensar:
“Desde hace varios siglos, la esperanza de vida aumenta regularmente. Tenemos pues una vida objetivamente más larga, pero vamos tan apresurados que ¡ni siquiera nos damos cuenta! Corremos el riesgo de acabar percibiendo nuestra vida como subjetivamente más corta que la de nuestros antepasados”.
Descárgate el artículo completo en PDF
Para leer más:
Nicolas Ridoux: Por una vida más frugal (El País)
Elogio de la lentitud (Extracto del libro de Carl Honore)
El triunfo de la lentitud (Karelia Vazquez, El País)
Practique la pereza para recuperar el sentido de la vida
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Tags: beta perpetuo, cadencia, carl honore, decrecimiento, elogio a la lentitud, entropia, innovación, Innovación continua, lentitud, menos es mas, movimiento slow, nicolas ridoux, rapidez, velocidad
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Trackback from Bitacoras.com on 27 November, 2009 at 7:19 pm
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Bonito el post y sugerente. Muy buena la cita de Nicolás Ridoux con la que cierras. Vivimos más tiempo pero poco intensamente. Como comenta Honoré: superficialmente…
Innovar por innovar qué sentido tiene ambicionar si no redunda en una mejora en la calidad y en el sentido de vivir… Nada, un comentario frívolo, tan sólo para agradecer el post.
Un saludo,More from author
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Me llena de satisfacción ver que no soy la única voz crítica con el modo de urgencia permanente en que vivimos. Llevo tiempo analizando la verdadera urgencia que se esconde detrás de las “urgencias” cotidianas y en el 99% la respuesta es ¡ninguna! Urgencias artificiales para darnos importancia artificial, cuando no simplemente urgencias fruto de la incompetencia y falta de diligencia. La mayoría de las teorías alrededor de la rapidez no se sostienen ante un análisis riguroso. Si tu única ventaja competitiva es llegar antes que tu competencia, mal vas.
Un gran post, igual que el anterior.More from author
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Enhorabuena por el post, me ha encantado. El tema del saboreo es algo que me preocupa y que trato de practicar día a día. No dedicamos tiempo a disfrutar de los logros, y como bien dices, este mundo beta nos va a acabar pasando factura.
Sobre este tema te recomiendo un libro de Milan Kundera que se llama La Lentitud.
Un saludoMore from author
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Mmmm… José Miguel: si llegar antes que tu competencia es una de tus de tus competencias esenciales (sabes cómo hacerlo y reproducirlo), entonces sí es una ventaja competitiva.
La cuestión es… sigue siendo válida la reflexión, ¿no?: para llegar antes, ¿hay que ir con más prisa?
Creo que no… Creo que hemos confundido la mejora continua (y ahora la “innovación continua”) con un camino de desenfreno, sin respiración.
Y no es, no es, no es eso…
Me están surgiendo un par de ideas para madurar… despacio. Así que gracias, Amalio: de nuevo una excelente provocación reflexiva para alimentar más tarde mi casa.
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Este del ritmo de vida es un tema sobre el que estuve pensando la semana pasada a raíz de pasar unos días en Suecia. Me llamó la atención la tranquilidad que se percibía en calles y locales, la austeridad en ambientes y luces, el modo detallista como trabajaban cocineros y camareros. Y con todo esto, los suecos están bastante por delante de nosotros en productividad y competitividad.
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Efectivamente estoy de acuerdo con el movimiento y como dice José Miguel Bolívar, la mayor parte de las urgencias son falsas urgencias. Y yo me pregunto ¿para qué vivimos la vida con urgencia? ¿cuál es el fin de ese modo de proceder? acaso la urgencia y la celeridad ¿da felicidad?, es en este punto donde yo lanzo una pregunta para que cada uno saque sus propias conclusiones ¿en qué momentos de tu vida has sido más feliz, cuando has ido muy deprisa o cuando te has parado he ido despacio? ¿a qué velocidad ibas cuando has sido feliz?
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