De la imaginación a la acción: lo macro, lo micro, el caos y el (des)orden (post-520)


caos-y-equilibrioTuve en estos días un intercambio bastante intenso con el bueno de Ricardo Antón, a raíz de un post que publiqué en esta casa: “¿Qué puede hacer el diseño por la democracia?”, que a su vez me llevó a una interesante entrada en su blog de Colaborabora: “Presentes especulativos, eventos inesperados y futuros soñados”. Si quieres más contexto, antes de seguir, te sugiero que le eches un vistazo a ambos textos y  a los comentarios que se publicaron en las dos entradas.

No está de más decir que siempre es estimulante tener estos rifi-rafes con Richi porque es un tío auténtico, con una mirada muy complementaria a la mía, y una gran generosidad para el dialogo. Me ha hecho pensar sobre la cuestión que planteaba y prometí responderle con más tranquilidad, así que aquí estoy publicando este post desde un hotel de Madrid, en el que he troceado su extenso comentario en distintos párrafos (sus ideas aparecen en rojo), a los que respondo por separado como si tuviéramos una conversación:

RICHI: En este hilo de conversación que nos traemos, que comenzó con tu post, y ahora se traslada aquí, hay una idea-sensación que defiendes de manera tajante que me parece ¿peligrosa?, porque además, es bastante recurrente, que las cosas en pequeño y para gente acostumbrada o amante de lo extraño, pueden ser de una manera, pero que si queremos escalar, ir a lo masivo, a lo general, si queremos tener verdadero efecto, jugar en serio, las cosas deben ser de otra manera, mucho más ordenadas, procedimentales.

Lo único realmente “peligroso” es el pensamiento único. Además, este tema es tan complejo que no creo que ninguno de nosotros por sí solo tenga “LA” respuesta perfecta. Ya yendo al grano, respecto de lo que comentas de lo pequeño-grande, ahí me enroco: para escalar con criterio se necesita orden, estructura y procedimientos. Es de las pocas cosas que tengo claras. OJO, se “juega en serio” a cualquier nivel. Lo micro merece también hacerse muy bien; pero a más escala, más costes de coordinación si quieres generar efectos acumulativos. Y a más costes de coordinación, más necesitas generar automatismos por diseño para hacer esos costes asumibles a través de, llamémoslas así, “rutinas participativas“.

Para entender esto te invito a tomar como ejemplo el proyecto que citaste de “Madrid Ciudad de los Cuidados”, que tanto te gusta.  Desde el mismo momento que el Ayuntamiento de Madrid se plantea un proyecto como ese ya está intentando institucionalizar unas prácticas y sistematizar unos procedimientos. En la propuesta se habla explícitamente de “maximizar eficacia”, y yo lo aplaudo, porque no hay otra manera de que las llamadas políticas municipales incidan en la realidad. El primer paso del proyecto, que es construir el “Mapa de Cuidados” de la ciudad de Madrid, tiene una intención evidente de poner orden dentro del caos, para reducir redundancias y descubrir demandas desatendidas. Cuando se habla de una cosa tan estupenda como “articular formas de cuidado colectivo de la salud” o de “diagnósticos participados”,  se está pensando en programas que nos liberen del marco estrecho (y financieramente limitado) de los “servicios sociales” de carácter público, y para eso se necesita una sociedad civil más organizada. Se habrá feminizado la política en la medida de que los cuidados pongan el foco en las personas, en el barrio, en la vida cotidiana, pero volvemos de nuevo a la importancia del orden y de un eficaz diseño de interacciones. Sin ello, esa estrategia-macro (lo es por definición, porque aplica a una gran ciudad) no conseguirá facilitar que lo afectivo aflore en los dispositivos comunitarios a menor escala, que es donde pueden manifestarse los afectos.

RICHI: Una tesis [la tuya] que dice que en lo macro difícilmente caben los cuidados porque es complejo tenerlos en cuenta e implementarlos…

Los “afectos” genuinos solo caben, y se manifiestan, en lo micro. Otra cosa es que desde lo micro se genere una sensación general de estar acompañados (“cuidados“) a nivel macro cuando, por ejemplo, creemos tener unas instituciones que nos arropan. Lo único que podemos hacer desde lo macro son dos cosas: 1) Crear las mejores condiciones posibles para que los afectos afloren y se manifiesten en lo micro [o casi me conformo con que no se obstaculicen], 2) Conectar experiencias de micro-afectos, propiciar ecosistemas donde esas comunidades se encuentren e intercambien cuidados, pero al final los afectos y los cuidados son por definición vivencias cercanas, intimas, casi artesanales. No veo nada macro ahí. Podemos tratar de “emocionar” las políticas, feminizarlas, dotarlas de más humanismo, pero eso es otra cosa. Creo que ahí coincidimos.

RICHI: [Planteas una tesis] que aunque defiende las inteligencias múltiples, las minoriza y/o fuerza a plegarse a mecanismos en los que unas inteligencias determinadas son ya preponderantes porque son desde las que se han diseñado los dispositivos; que sitúa el arte, la poética, lo simbólico como algo muy sugerente, pero que no sirve para transformar efectivamente la realidad; o que tolera e integra ciertas dosis de caos y desorden, si se trata de un caos controlable, implícitamente ordenado y que resulta productivo.

Si es eso lo que has percibido, entonces me he expresado mal. También podría decirte que en tu exaltación del impacto de la imaginación y tu hipercrítica al realismo me ha parecido ver que había un rechazo de fondo a otros tipos de inteligencias más racionales. Yo más que ver unas inteligencias más preponderantes que otras, abogo por reivindicarlas todas.

En cualquier caso, no me identifico con la interpretación excluyente. Tampoco entiendo por qué lo planteas como un “O” en lugar de un “Y”. He escrito bastante en este blog sobre el papel transformador del arte y de los artistas [Ver, por ejemplo: “¿El artista como catalizador de innovación?”]. Creo en ello con toda sinceridad, pero me repito: el arte, la poética, solos NO sirven para transformar la realidad si no los haces acompañar de una sistemática, de un cierto orden, de una estructura de acción, que son lógicas bastante más aburridas y menos especulativas que las artísticas. Lo que quiero decir es que con el arte y la imaginación no es suficiente, del mismo modo que probablemente tampoco lo sea con el realismo sin dosis de imaginación. No es inteligente tener que elegir entre uno u otro porque para transformar se necesita