Consolidar lo que va bien, ese es el reto (post-559)


Si te pido que pienses en alguna iniciativa privada o programa público que haya funcionado bien, sustancialmente bien, pero que después, por razones difíciles de entender, se haya desmontado o abandonado a su suerte en favor de proyectos nuevos que no han demostrado ser mejores de lo que existía, ni cumplieron lo que prometían, ¿se te ocurren ejemplos? ¿qué tal si hablamos de eso?

En “Atrapados en el prototipo o la brecha de la implementación” decía que es posible que la carencia mayor la tengamos ahora en la implementación, en sistematizar procesos, en el escalado, en integrar las buenas prácticas de forma natural en las actividades cotidianas. Y recordaba que una cosa es tener un buen prototipo, que funciona bien en un entorno controlado, y otra bien distinta que esa solución pueda ser implementable y generalizable a escala significativa. Son estadios de distinta naturaleza, que exigen respuestas (y competencias) diferentes.

Pues bien, vuelvo a escribir de lo mismo porque echando la vista a varios eventos y proyectos en los que he participado en este último mes, me doy cuenta de que ese es un reto de una importancia colosal, y en el que vale la pena insistir las veces que haga falta.

Me he quejado en otras ocasiones de que se pone mucho el foco en las primeras fases del funnel de innovación, en la de crear ideas, pero después se descuida la fase de empujar y dar continuidad a las que demuestran ser buenas soluciones. Hay que “implementar, y eso significa dedicar recursos, o sea, tiempo, personas y dinero, al proceso tan difícil de convertir esos prototipos en algo con impacto, a que se transfieran a entornos reales.

Después de implementar, para que la idea no se quede en un cajón o en un simple rafagazo mediático, también hay que destinar recursos a “consolidar. Repito. Una buena estrategia de innovación tiene que preocuparse de: 1º) Implementar, los buenos prototipos, 2º) Consolidar, lo que mejor funciona. Este segundo objetivo no parece ser una tarea propiamente de innovación, pero lo cierto es que alguien tiene que ocuparse de ella, alguien tiene que dar la vara para que se haga, así que no es una mala idea que los que tanto hablamos de innovar nos tomemos en serio esta pregunta: ¿qué es lo que NO hace falta cambiar, sino reforzar, consolidar, porque funciona bien?   

Por ser más preciso, entiendo por “consolidar” esto: seguir ocupándose y destinando los recursos necesarios para que una actividad se vuelva sostenible y/o llegue al punto crítico donde esté en condiciones de dar los resultados óptimos esperados.

La ansiedad de políticos e innovadores sobreexcitados hace que a menudo nunca lleguemos a ese punto, a ese momento feliz en el que toca recoger los frutos de la siembra realizada. Lo que hacemos es saltar de una rama a otra, buscando la novedad, apostando por otro proyecto que nadie sabe todavía si vale la pena. Desperdiciamos recursos dejando morir iniciativas en las que se había invertido mucho, y tenían pinta de ser una buena solución, para volver a empezar de nuevo impelidos por la urgencia de crear algo que lleve nuestro nombre o por el imperativo mediático de llamar la atención.

Hay mucho de búsqueda de lo espectacular, del fogonazo, que tiene un seguimiento mediático muy rentable. Sin embargo, el verdadero cambio, el genuino, es menos llamativo. Le sigues el rastro en el tiempo a proyectos que tuvieron un gran impacto público en su fase creativa, de experimentación, con efecto wow incluido, y te das cuenta que se disolvieron como un azucarillo. Algunos porque no valían lo que prometían, porque eran solo ideas lustrosas para contar, pero no para implementar; pero otros porque necesitaban un seguimiento y un apoyo que no tuvo continuidad. Cuando mejor estaban, se les cortaron los recursos.

Hace poco, en un artículo del blog Todo por la Praxis, relatando algunos fallos cometidos en las políticas públicas de impulso a la participación promovidas por el gobierno del Ayuntamiento de Madrid, nos recordaban que las nuevas prácticas innovadoras se articulan en procesos a largo plazo, y para conseguir eso se necesita un esfuerzo continuado en el tiempo, o sea, consolidar actuaciones: “Lo que necesitamos es afianzar proyectos existentes que tienen problemáticas muy diversas más allá de generar nuevos espacios y nuevas problemáticas”.

No digo, ni mucho menos, que no hagan falta personas e ideas creativas. Menos aún debe pensarse que esté minusvalorando la importancia de imaginar y repensar nuevos escenarios y soluciones. Lo que digo es que nada de eso sirve si no se consolida, si los proyectos se abandonan cuando aparece algo nuevo que tiene más glamor.

No nos conviene seguir sobrevalorando al perfil ingenioso y creativo, mientras el del ejecutor o ejecutora perseverante no recibe la atención que merece. Ya lo he dicho en otras ocasiones: La nuestra es una crisis de ejecución, no de creatividad; porque seguimos instalados en un desbalance entre cómo premiamos (y pagamos) la creatividad vs. la implementación y consolidación, cuando el resultado con impacto depende fundamentalmente de lo segundo.

La innovación se ha convertido en un fetiche erótico, y más todavía cuando se enmascara en forma de creatividad. Nos lanzamos a una carrera frenética para ver quién inventa o propone la cosa más espectacular; sin embargo, como dicen Lee Vinsel y Andrew Rusell: “Lo que sucede después de la innovación es lo más importante. El mantenimiento y reparación tiene más impacto en la vida diaria de las personas que la gran mayoría de las innovaciones”.

El novelista Kurt Vonnegut lo resume bien: Todos quieren iniciar una construcción y nadie quiere ocuparse luego del mantenimiento”. Mostramos una insaciable fascinación por las cosas nuevas y llamativas, que se pueden contar después en artículos, eventos y charlas TED; pero desatendemos las labores de mantenimiento, los cuidados sistemáticos, y la preservación de lo que demuestra funcionar bien y que cumple su cometido.

Así que, si estás pensando ahora en dedicar recursos a un proyecto nuevo, lustroso y espectacular, párate un momento a pensar si no deberías primero poner más atención en implementar bien esas ideas brillantes que tenías en marcha, y a consolidar lo mejor que ya funciona en casa. Y de paso asegúrate que estas cuidando bien a las personas que se ocupan de que lo extraordinario se vuelva habitual. Andar corriendo siempre detrás de la novedad no es buena idea.

NOTA:  La imagen del post pertenece al álbum de The Library of Congress en Flickr. Si te ha gustado el post, puedes suscribirte para recibir en tu buzón las siguientes entradas de este blog. Para eso solo tienes que introducir tu dirección de correo electrónico en el recuadro de “suscribirse por mail” que aparece en la esquina superior derecha de esta página. También puedes seguirme por Twitter o visitar mi otro blog: Blog de Inteligencia Colectiva.

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Amalio Rey

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7 Respuestas a Consolidar lo que va bien, ese es el reto (post-559)

  1. Yuri 17/01/2018 14:05 #

    Sí. Eso fue nuestro aprendizaje; El equipo que lanza una idea nuev… no es posible delegar ni desprender de ella con un primer éxito, ni con un segundo ni en con un tercero.

    Lo hemos visto, como tu bien dices… los proyectos que mueren en cuanto se ha pasado a otra persona quien debía de consolidar-mantenerlo o que el proyecto con una ambición, que se termina consolidando, pero perdiendo toda la ambición o el propósito inicial.

    Pero claro, si el equipo tractor acompaña durante mucho tiempo en la implementación – robustecimiento, también vemos que se termina consolidando esa manera de hacer las cosas de manera indefinida. El tractor se convierte en un nuevo responsable.

    Como tu mencionas de que “Todos quieren iniciar una construcción y nadie quiere ocuparse luego del mantenimiento” (Kurt Vonnegut), mi aprendizaje es que el cambio o la propuesta tienen que nacer desde dentro, desde el ámbito donde vaya a ser implementado la acción (y consolidarlo también). Quizá el nivel de ambición de estos proyectos sea limitada comparados con los que puedan venir de fuera… pero creo que es la forma de hacer, si lo que queremos es consolidar y no tener una colección de casos de éxito puntual. Nace de una necesidad que siente.

    Otra manera es dar un enfoque de intraemprendimiento: proyectos que nace… el que lidera se convierte en responsable de la propuesta para siempre con poder de acción (con recursos dedicados). Todo un lujo.

    Julen dice “El mantenimiento no es sexy”… pero hay personas que prefieren eso. Lo malo es que creo que hay un espacio medio entre “crear” y “mantener”… Es la parte que ya no se trata de crear pero que tiene que “impulsar con energía” porque aún no tiene cimiento creado para entrar al estadio de mantener. Creo que esa fase es lo más crítico… y menos cool.

    Como todos vosotros…. yo una más. Resistiéndome a que la llama de la ilusión no se apague en esta zona intermedia.

    • Julen 17/01/2018 14:15 #

      Es que, “mantener” se vende mucho peor que “iniciar”. Lo primero se suele asociar a procedimientos, burocracia y cosas así. Lo de “iniciar”, en cambio, tiene que ver con ensalzar la creatividad. Y mira que nos lo repiten. Insisto, mantener no es cool para nada 🙂

    • Amalio Rey 18/01/2018 04:32 #

      Gracias, Yuri, por pasarte y dejar tu opinión. Tienes razón al indicar que “hay un espacio entre crear y mantener” y ahí es posible que se cree un gap, en el que se diluye todo. Esa transición hay que trabajarla. En cuanto a lo que dice Julen, yo estoy de acuerdo con él. Es cierto que mantener no es cool para nada. También que hay gente, como tú dices, que se siente más cómoda creando que manteniendo, y esas son personas que hay que poner en valor. Lo que sí me queda claro que el sistema no lo hace, y hay que hacerlo…

  2. Ricardo_AMASTÉ 21/12/2017 00:35 #

    Este es un temazo.
    Diría que es el “techo de cristal” de organizaciones como ColaBoraBora.
    Llevamos años y años desarrollando prototipos que nunca pasan de esa fase o que si la pasan, tienen un recorrido muy corto.
    Para mi es cuestión del salto que eso supone en quienes deben confiar en eso en lo que han confiado para un prototipo. Un salto que se traslada en presupuesto, pero también en cambio cultural. El salto de los tres ceros a los seis, el salto de hacer algo diferente y curioso a que eso se traslad a una política general o a una nueva línea de negocio.
    Es frustrante la cantidad d ejemplos que podría poner. Supongo que en este problema nosotras tenemos parte de “culpa” (inconstancia, deriva, beta permanente…), pero siendo conscientes de ello es algo que lo que hemos trabajado, nos hemos esforzado y yo diría que hemos minimizado en gran medida nuestra responsabilidad.
    Quizá tiene que ver con pasar de decir innovación con la boca pequeña a creérselo y apostar por INNOVAR con lo que de verdad eso supone.
    Y en todo eso se cruza la prisa, la urgencia, la tiranía de la novedad (de lo que también hoy hablaba Julen en su post de la filosofía start-up). Hay mucho de gastar muchos poquitos en lugar de hacer lo que tu planteas en el post. Puro consumismo de innovación y creatividad, inflación de cosas que se ponen en marcha y poca, muy poca continuidad y apuesta a medio y ya no digamos largo plazo (y esto en el ámbito público, sometido a el ciclo electoral y la manía de llegar y querer hacer cosas nuevas antes de muchas veces conocer lo que ya está en marcha)..
    Con las subvenciones también pasa mucho, como que cada año tienes que presentar algo nuevo y por ejemplo, presentar una fase dos o fase tres de algo, como que se penaliza en vez de verse como algo con sentido y continuidad.
    Pues eso…TEMAZO!!

    • Amalio Rey 21/12/2017 09:18 #

      Es un temazo, Richi. Tal cual. Pero además, es un asunto doloroso, porque pone en evidencia nuestras miserias, y que conste que hablo en primera persona.
      El fallo responde a muchas razones. Intentaré resumir algunas, según mi experiencia:
      1) La primera es nuestra tendencia natural a querer hacer y crear cosas nuevas. Las personas inquietas, curiosas, creativas, es lógico que prefieran comenzar proyectos nuevos que dedicar su tiempo al mantenimiento. A más creativas somos, más nos pone explorar territorios nuevos, y ese sesgo de fondo tienta a querer estar más donde se crea, en vez de donde se mantiene.
      2) El sistema, el contexto donde nos movemos, es cada vez más líquido y con menos memoria. Premia en exceso el espectáculo efímero, y descuida el esfuerzo a largo plazo. El foco mediático es demasiado goloso para no dejarse arrastrar por él.
      3) Cuando hablamos de financiación pública, nos metemos en la trampa del “tempo político”, que quiere conseguir impacto visible a corto plazo, para capitalizar imagen dentro de ciclos electorales. Eso condiciona mucho las prioridades, que son “las de ellos” (o sea, fogonazos) y no las que se necesitan socialmente (sostenibles, a largo plazo).
      4) Cuando se lanza un proyecto molón, se habla muy poco de sostenibilidad y de autogestión a medio/largo plazo. No se prevén estructuras de sostenimiento que le ayuden a mantenerse en el tiempo. Y debo reconocer que toda esta historia de los prototipos está influyendo negativamente en que esa miopía aumente: “esto es efímero, pensemos en el aquí-y-ahora, que ya se nos ocurrirá cómo hacer que esto dure” (incluso nos justificamos, cada vez más, con preguntas como estas: “¿pero quién dice que hace falta que esto dure?”)
      5) Un error nuestro, que lo avanzo en el post, es que admiramos y celebramos más a las personas ingeniosas, ocurrentes, brillantes, que a las personas constantes, perseverantes y recurrentes. Las segundas tienden a parecernos más aburridas, menos glamorosas, mientras que las primeras son las que captan siempre el foco mediático. Otra vez alimentamos así la “cultura del fogonazo”. Plas, plas… a los “geniecillos”, mientras que las “hormiguillas” parecen no pintar nada, no importan mucho.
      Tendríamos mucho que hablar sobre las soluciones. Creo que tengo algunas pistas de trabajar con el “funnel de innovación” en todas las fases, y más en el lado más cerrado del embudo.
      El famoso “gap de la implementación/consolidación” solo se supera con un diseño organizativo adecuado, que reconozca un hecho incontestable: ¡¡las competencias (y a menudo, las personas) que se necesitan para la fase de implementar y consolidar suelen ser distintas a las que demanda la de crear!! Son perfiles distintos, que hay que buscar y cuidar, combinándolos con el de los “geniecillos”, que tanto nos molan.
      Por otra parte, hay que dedicar tiempo a la “gestión”, ese mundo siniestro y aburrido al que alguien tiene que prestar atención, sí o sí.
      Creo que tendríamos que poner en valor elementos de la filosofía SLOW, que hoy me parece más oportuna que nunca. Hay que convertir el (supuesto) defecto en virtud. El mundo FAST de la cultura (lean) startup lo está contagiando todo. También los objetivos, porque refuerza esa tendencia a correr y correr, como pollos sin cabeza.
      Finalmente, necesitamos un cambio cultural, y vital: empezar a sentir cierto pudor (incluso vergüenza) cuando dejamos cosas a medias, sin un impacto real en colectivos concretos. Tendríamos que medir eso, y visibilizarlo: ¿cuánto de lo que hemos hecho ha impactado realmente en la gente y ha dejado pozo? Claro, siempre hay formas de encontrar excusas o de aligerar las verguenzas. Yo mismo he caído mucho en eso, pero la verdad es que me lo estoy trabajando 🙂
      ¡¡seguimos, Richi!!

  3. Julen 20/12/2017 21:57 #

    El mantenimiento no es sexy, compañero. Hace tiempo que las luces de neón se encendieron a las puertas de la innovación. Lo que venía detrás… bufff, vaya aburrimiento. Y ahí andamos 😉