Como le ocurría por las noches a aquel patético personaje, Dinio, esto de los Social Media me tiene cada vez más confundido.
Ya hablé hace un tiempo de cómo el amiguismo 2.0 le hace un flaco favor a la credibilidad de lo que aquí se cuenta.
También del riesgo de que la falta de transparencia oculte servicios de pago y en definitiva, de prácticas perversas que falsean la conversación.
Sigo en mi línea, en tono crítico, mezclando los mismos ingredientes, pues hoy toca hablar del batiburrillo de motivaciones que pueden esconderse detrás de un aparente mensaje sincero y desinteresado que discurre por las redes sociales.
No sé a qué atenerme cuando leo twits y blogs de gente que ocupa cargos en instituciones o empresas en los que celebra iniciativas, proyectos y personas con las que pueden unirle fuertes intereses. Gente buena, que uno aprecia y que respeta, pero de la que uno piensa: “y éste buen hombre qué va a decir si está metido hasta el cuello en eso”.
Ese caso quizás es el más fácil, porque uno puede establecer la conexión, y entonces te inmunizas, multiplicas por cero el elogio (#opinioninteresada = #nohagasnicaso). El problema viene cuando te falta información, que es en la mayoría de las veces, y el intercambio de favores o los lazos de dependencia van por cañerías subterráneas e invisibles.
A ver, por concretar más, se dan situaciones como estas:
- El susodicho trabaja en la entidad-X, y habla por Twitter divino-de-la-muerte de alguno de sus clientes (muchas veces ni sabemos que es su cliente).
- El susodicho está muy interesado en ser contratado/a por determinada persona, o que ésta le suba por un atajo al escaparate, y entonces RTea con cierta frecuencia lo que diga o piense ese portador de influencia.
- La susodicha ha invertido en el negocio-Z, y entonces se monta su propia campaña previa, con empaque informal (de las que cuelan), para posicionar sus activos entre sus miles de followers que desconocen la relación previa (interesada) que ya tiene en cartera.
- El susodicho/a escucha a un ponente-Y en una jornada, que es un personaje que tiene poder para contratarle o invitarle pagado a otras jornadas, y entonces twitea una retahíla de adjetivos generosos sobre la brillantez del ponente aunque lo que éste diga no valga un pimiento. Por cierto, esa debe ser la razón por la que a veces veo cada twits sobre eventos que no encajan para nada con la inteligencia que le supongo a quien los escribe.
Ains, mamá, me lío, me lío… con lo fácil que era la publicidad, que la veías venir. Qué sencillo era todo en aquel entonces, y es que hasta me entra la nostalgia (mentira, no me hagas caso). Leer más… »
























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