El 30 de septiembre iniciamos la II edición del Máster Executive para Emprendedores Tecnológicos e Innovadores, que promueve la agencia de desarrollo local Promálaga con la escuela de negocios Esesa, y Emotools.
Como el año pasado, recibo con gusto el encargo de ser director académico del programa con la ayuda imprescindible de Inés. La edición anterior fue un experimento, y creo que siendo la primera estuvo bastante bien. Aún así, hubo aspectos francamente mejorables en el diseño y gestión del programa que merecían un cambio, y este año hemos introducido varios:
- Estructuramos el programa formativo poniendo más énfasis en acelerar la creación de buenas empresas. El nuevo programa se centra en los proyectos y los procesos de incubación, para acompañar al emprendedor en todo el proceso desde la idea de negocio a la creación de la empresa y su consolidación.
- Un ligero cambio de nombre, para ampliar el colectivo-objetivo del Máster a los emprendedores “innovadores” y no solo a los “tecnológicos”. Buscamos con ello fomentar la innovación empresarial en su sentido amplio, y no sólo la tecnológica.
- Ampliamos el cupo máximo de alumnos a 25 emprendedores, para beneficiar a un mayor número de candidatos considerando la elevada demanda que tiene el programa, y para estimular la creación de redes de colaboración más amplias y diversas.
- El programa se impartirá en la propia sede de la Incubadora Promálaga I+D (antes lo hacíamos en la escuela de negocios) con el propósito de integrar la actividad formativa al entorno natural en que se mueven estas empresas.
Éste es un tema que nos resulta muy familiar. Llevamos tiempo trabajando con emprendedores tecnológicos e innovadores, tanto en consultoría como en formación. Andamos a menudo por CEEIs, BICs y otros espacios de incubación trabajando con spin-off académicas y empresas de base tecnológica intentando acompañar a los nuevos proyectos y consolidar los existentes.
Así que, por entrar en materia, voy a citar algunos principios que para mí debería cumplir un programa de formación de “emprendedores tecnológicos”, y que nos propusimos respetar en éste que iniciaremos a final de mes:
- La selección de participantes es crítica. La calidad de la materia prima tiene buena parte de la culpa del éxito de un Máster. Vale, pides documentación, pero tienes que hacer entrevistas y hablar face-to-face con los candidatos. La actitud no se capta bien por un papel, conviene mirar a los ojos y hacer buenas preguntas. La pasión y el talento son el factor número uno porque si la idea (el proyecto) no es suficientemente buena, ya nos encargaremos de mejorarla. Lo que es más difícil es transformar a la persona.
- “Learning-by-doing” a tuti-plen. El modelo tan formal de “clases” no pega con la vocación-de-acción en que deben formarse los emprendedores. Aprender-haciendo significa trabajar sobre los propios proyectos y no sobre ideas ficticias. Todo lo que se enseñe debería poder aplicarse a los propios proyectos.
- Emprender una EBT (“empresa de base tecnológica”) tiene sus peculiaridades. Esto obliga a desarrollar habilidades específicas en la gestión del interfaz ciencia-tecnología-mercado, para que los emprendedores sepan cómo hacer el viaje del laboratorio al mercado, del prototipo al producto, de la creatividad a la innovación. Para eso hay que introducir algunos contenidos que no se imparten en programas genéricos de emprendimiento.
- Dedicar más tiempo al desarrollo de habilidades, competencias y herramientas, y menos a la adquisición de “conocimientos” y contenidos que se pueden encontrar con facilidad en Internet.
- El objetivo clave ES formar emprendedores que impulsen iniciativas innovadoras, y NO ES repartir títulos de Máster. Eso lo explicamos bien, pero muy bien, a los candidatos en las entrevistas. La pregunta que hacemos es: si no vas a crear tu propia empresa, ¿para qué vienes a este programa?
- Primar la diversidad de perfiles y proyectos para favorecer la colaboración y la innovación multidisciplinar. Mientras más complementarios sean, más hibridación. Mientras menos se solapen y disputen los mismos mercados, más sinergias y menos resistencias a colaborar.
- Los tutores de los proyectos tienen que ser también emprendedores. No me valen esos expertos-en-emprendizaje que no han pasado nunca por la aventura de gestionar una empresa. Leer más… »










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