Estamos en estos días trabajando en el diseño de un proyecto que pide a gritos redefinir el viejo concepto de los Clusters, y a pensar en cómo se están concibiendo estas plataformas de colaboración entre agentes de una misma región.
Por eso vuelvo a recuperar este artículo para detenerme en uno de los puntos que traté en él: el papel de la serendipia y las combinaciones aleatorias en el diseño de redes para ecosistemas complejos.
Todo esto viene de observar cómo algunos decisores públicos se empeñan todavía en sobreorganizar los clusters y las redes de innovación, fijando excesivas normas e imponiendo una retahíla de objetivos sosos e inalcanzables.
Pretenden con ello forzar de golpe “lazos fuertes”, casi orgánicos, en forma de alianzas, fusiones y contratos, convirtiendo ese objetivo en el único indicador para medir el éxito de estas iniciativas. Es también un buen ejemplo de la incapacidad de las instituciones para entender y gestionar la complejidad.
La gracia de los espacios de colaboración, en los tiempos que corren, no está solo en esas expresiones tan formales de las conexiones, sino también en los llamados “lazos débiles”, que se tejen entre personas que consiguen sintonizar en medio de la fiesta gracias a que pueden compartir con libertad en un espacio abierto y sobre todo, pensado para la conversación.
En la creación de una ecosistema sostenible subyace una lógica, la de que hayan sinergias potenciales entre sus miembros. Pero a partir de ahí, si creas las condiciones para la conectividad aleatoria, seguro que se destapan asociaciones insospechadas.
Esos lazos débiles no buscan un propósito o resultado predeterminado a corto plazo, pero ayudan a construir confianza para que aumenten los contactos y las probabilidades de que se terminen descubriendo oportunidades de colaboración.
En las buenas redes el regulador se echa a un lado para dar paso al facilitador, que intenta conectar a potenciales complementadores (de ese modo “busca”); pero al mismo tiempo se crean espacios donde la aleatoriedad se abre camino para generar encuentros fortuitos e inesperados (así se “encuentra”).
De ese modo se propician conexiones que nadie, pero nadie, podía prever, y que por imprevistas pueden ser las más innovadoras. Leer más… »
























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