Ayer, mientras respondía a dudas dentro del Programa Biocampus con el que colaboro hace años, recibí un mensaje de un emprendedor que justificaba así lo que se traía entre manos con su proyecto:
“Yo no tengo nada que ver con el mundo de la tecnología. De hecho no soy ingeniero, ni siquiera soy licenciado o diplomado en ninguna maestría, aunque estoy en ello a través de la UNED en la rama de Trabajo Social. Por lo tanto, estoy dotado de cierta ingenuidad que he intentado corregir preguntándole a todo el mundo que se me pone por delante. Este preguntar ha permitido que tenga perfectamente clara la complejidad de una idea como esta. Ni se me ha pasado por la cabeza sustituir la labor de un ingeniero, de un contable, de un gestor-administrador, ni de cualquier otro elemento. Yo lo que mejor sé hacer es imaginar cosas, y esas cosas, para bien o para mal, siempre tienen que ver con actividades destinadas a mejorar la vida de los demás. Eso es lo que llevo haciendo hace muchos años: imaginar, imaginar e imaginar, y es a eso a lo que quiero dedicarme: a imaginar soluciones y con la ayuda de otras personas (mi equipo) ponerlas en funcionamiento. Pero no me confío, no me quedo en los sueños, estudio y trabajo a fondo en el problema para ver si es factible. Si constato finalmente que la cosa es inviable, no pasa nada, tengo más ideas en el tintero”.
Al leerlo pensé: vaya, qué bien expresado está ese espíritu del emprendedor que se atreve a torear la tecnología para mejorar la vida de la gente, y me recordó que tenía una asignatura pendiente desde mi viaje a California en noviembre del año: escribir un post sobre los llamados “emprendedores sociales”, dado que en ese viaje tuve la oportunidad de conocer varios proyectos de ese tipo.
La frase que cité antes me ha dado muchas pistas para desgranar algunos rasgos de los emprendedores sociales y de cómo impulsan sus proyectos:
- No se plantean como objetivo “lo posible”, sino “lo deseable”. Saben que la innovación social consiste precisamente en eso, en pensar-fuera-de-la-caja para romper con el status quo y sus condicionamientos mentales.
- Es gente con vocación de acción que evita la parálisis por análisis. Pasan rápido del despacho a la calle porque los estudios y las teorías explican el pasado, y no el futuro que se plantean construir ellos mismos.
- Se les acusa de ingenuos, y en realidad lo son en parte, y afortunadamente. Tienen la cuota de inocencia imprescindible para sortear la trampa del exceso de experiencia e ignorar esa astucia tan exceptica de los ilustrados. Leer más… »


















Nos han enseñado a ser tan políticamente correctos, que nos hinchamos de mentir.
A raíz de la conversación que tuve en Boston con 







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