Un día me llamaron “cubano-europeo”, y no sé cómo se come eso… pero intuyo que me define bien. Padezco, como buen habanero, de Síndrome Insular que se manifiesta en forma de un vicio impenitente por los viajes. Mi plan, como no me canso de repetir, es pasarme la vida fondeando en puertos insólitos.
Trabajo (digo yo) en eMOTools, donde soy el Responsable de Proyectos, y también… el viejuno del equipo. Forjar un sentido de propósito que entienda la innovación desde una perspectiva humanista es mi meta, y es lo que me une a ese contenedor creativo llamado eMOTools.
Aunque en Málaga encontré mi sitio, en realidad soy de aquí y de allí, o sea, de ninguna parte. Tengo dos hijos y medio, y una pareja mejor de la que merezco. Me flipan los diarios de viajes, los documentales de animales, y la gente rara. Futbolero y bético sufridor. Gustos musicales del montón y bailador mediocre considerando mis orígenes. Más de mar que de montaña, más de frío que de calor, más de lazos fuertes que débiles, más de ensayo que de ficción, y más de vino blanco que de tinto, lo que habla regular de mí. Soy un peazo de tímido, aunque pueda simular ser un animal social.
Aprendí con los años a reírme de mis neuras, de ese puntito extremo que hay en mí, y que hoy acepto con satisfacción. Suena manido, pero busco esa sabiduría que conduce a la serenidad. Como llevo a un juez implacable dentro al que procuro tener medianamente contento, mis conversaciones de almohada suelen ser todo lo sanas que podrían.
Sé que es estúpido querer complacer a todo el mundo, así que por ahí no paso. Me mola la discrepancia constructiva, y crezco en ella, aunque algunos no me entiendan. Creo en la naturaleza generosa del ser humano si se le trata como merece, en la emergencia, la autogestión y la igualdad de oportunidades; pero no en el igualitarismo colectivista, ni en el interesado laissez faire burgués.
De izquierdas en lo ideológico (¡¡oye, claro que siguen existiendo izquierdas y derechas!!), y entendiéndose por izquierdas todo lo dicho en el párrafo anterior, me conformo con no acomodarme, hacer las cosas con dignidad y sobre todo, ser una buena persona. Mis otros defectos, que son muchos, los dejamos para otra ocasión.
Mientras crece mi desconfianza hacia las instituciones, me seduce un tipo de anarquismo que busca las soluciones en las propias personas. Admiro la autoridad ganada por méritos propios, a base de esfuerzo e inteligencia, así que el tufillo de las élites parasitarias me produce alergia, y procuro mantenerlas lejos porque sé que son hábiles camelando.
Los rebaños me inquietan, y por elegir, prefiero a las ovejas descarriadas. Me jode más la indiferencia que la ignorancia. Prefiero el nervio tenso del que se implica, que el equilibrio fácil del observador que jamás se equivoca. Una voz honesta y valiente tiene para mí un poder seductor tremendo.
A la hora de juzgar, intento separar el contenido de las formas, porque es lo menos que se le puede exigir a la madurez, si no es ñoña. Creo ser técnicamente honesto y por tanto, políticamente incorrecto (aunque depende para quien) porque esta sociedad vive enferma de hipocresía, a la que en la Vieja Europa llaman eufemísticamente “ser educado/a”.
Escribo este blog para comprender. También para documentar mis vivencias, y por supuesto, para generar conversación de la que pueda aprender. Gracias por pasarte
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