Se están poniendo de moda las reflexiones abiertas y poliédricas donde caben tantas opciones que al final a uno le da la impresión que no se dice nada.
Me encuentro a menudo expresiones como éstas: “Todo está bien”, “cualquier cosa vale mientras te apetezca”, “eres libre de hacer lo que quieras”, “lo entiendo todo”, “cada uno a su bola”, “viva la espontaneidad”, “no hay normas, es Internet”, “dejemos que la cosa fluya, nada de orden” e incluso, “viva la incoherencia”.
Gracia me da cuando las leo, qué tramposillos somos. Tanto relativismo me huele a absoluto y suele ser un síntoma de tolerancia falsa.
Es cierto que en un post anterior hablé del pensamiento integrador, y lo resumía en la posibilidad de la “Y en vez de la O” como una forma de no ser excluyentes, e intentar combinar distintas opciones para conseguir algo superior. Sigo en la misma línea, más ahora después de leer “The opposable Mind” de Roger Martin, que reseñaré muy pronto.
Sin embargo, hay situaciones en las hay que mojarse, donde uno puede decir con certeza personal que una cosa es (bastante) mejor que la otra, y prepararse para capear el temporal por parecer tan seguro.
Vale, es verdad que el mundo de hoy es tan complejo que cuesta encontrar una única respuesta que escape indemne del test de las paradojas. No hay modelos que lo expliquen todo, y menos mal. Pero eso lo que exige, desde mi punto de vista, es más reflexión e investigación que antes.
Sin embargo, no es eso lo que se está haciendo porque empieza a ser común lo que yo llamo “la coartada de la incoherencia anunciada”. ¿Cómo funciona? Pues mira, lanzo una tesis rotunda en el fondo (aunque la adorne de matizaciones secundarias) y después advierto (por si acaso) que no pasa nada con caer en incoherencias porque de ellas no se salva nadie.
Eso es pensamiento fácil aunque se vista de complejo, y el dialogo tan líquido de la blogosfera es caldo de cultivo para esas prácticas. La dinámica es ésta: lanzas una tesis contundente, rotunda, provocadora, con un título de los que cuecen (y por cierto, generan tráfico), que ya veremos después cómo se demuestra.
Mientras tanto… pides a tus lectores una patente de corso que te resguarde de las incoherencias, de las que no eres responsable porque son hijas inevitables de la complejidad. Vaya, así cualquiera…
Una cosa es que aceptemos que este mundo es cada vez más complejo y que no cabe ser absolutos; y otra muy distinta que celebres las incoherencias como un modelo avanzado de pensamiento. Leer más… »















Últimos Comentarios