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	<title> &#187; dilema</title>
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		<title>Autoridad y autonomía (post-248)</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Jul 2011 05:48:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amalio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ayer, mientras regresaba en tren a Málaga, estuve revisando apuntes que tomé en su día de “El Artesano” y me encontré ideas curiosas de lo que Richard Sennett llama la “fuente de legitimidad del mando”. Utiliza para ello una expresión tan lúcida como provocadora: “dignidad de la obediencia”. Aunque “obediencia” es ciertamente una palabra antipática, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-3226" style="margin: 6px; border: 1px solid black;" title="artesanía taller artesanos" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2011/07/artesanía-taller-artesanos-300x225.jpg" alt="artesanía taller artesanos" width="240" height="180" />Ayer, mientras regresaba en tren a Málaga, estuve revisando apuntes que tomé en su día de “<strong><a href="http://www.lecturalia.com/libro/27102/el-artesano">El Artesano</a></strong>” y me encontré ideas curiosas de lo que <strong><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Richard_Sennett">Richard Sennett</a></strong> llama la “<em>fuente de legitimidad del mando</em>”.</p>
<p>Utiliza para ello una expresión tan lúcida como provocadora: “<em><span style="text-decoration: underline;">dignidad de la obediencia</span></em>”. Aunque “obediencia” es ciertamente una palabra antipática, me ha parecido sugerente su forma de dignificarla.</p>
<p>Sennett acude al pasado para visualizar un problema que es común en las organizaciones de hoy:</p>
<p>“<em>La historia social de la artesanía es, en gran parte, la historia de los esfuerzos de los talleres para resolver o eludir problemas de autoridad y autonomía (…) El taller del artesano es el escenario en el que se desarrolla <span style="text-decoration: underline;">el conflicto moderno, y tal vez irresoluble, entre autonomía y autoridad</span></em>”.</p>
<p>Y ese conflicto lo explica así: “<em>en el trabajo artesanal tiene que haber un superior que establezca patrones y que dé formación</em>”, <span style="text-decoration: underline;">pero</span> “<em>la autonomía, el trabajo autosuficiente realizado sin interferencia de nadie, tiene su propio poder de seducción</em>” para que el trabajador se sienta realmente bien con lo que hace.</p>
<p>Éste es sin dudas un equilibrio tenso y difícil de gestionar, y que nos lleva a dos escenarios muy distintos: 1) “<em>El <span style="text-decoration: underline;">taller exitoso</span> depositará la autoridad legítima en personas, no en derechos o deberes preestablecidos en un papel, 2) “En el <span style="text-decoration: underline;">taller fallido</span>, los subordinados se desmoralizan y muestran enfado hacia quienes deberían obedecer</em>”.</p>
<p>De todo esto se podría pensar que (solo) cuando hay una <strong>autoridad ganada</strong>, hay una <em>dignidad</em> en el seguimiento de las decisiones, un acatamiento voluntario y no coercitivo que se deriva del ejemplo y de la autoridad genuina del maestro. En sus palabras: “<em>Para el artesano, tener ‘autoridad’ es algo más que ocupar un lugar honorable en una red social (…) <span style="text-decoration: underline;">su autoridad reside igualmente en la cualidad de sus habilidades</span></em>”.<span id="more-3223"></span></p>
<p>Reconocer la excelencia de las habilidades y del talento profesional como genuinas fuentes de autoridad me lleva a pensar que (dentro de ciertos límites) <span style="text-decoration: underline;">hay un tipo de <em>obediencia</em> que es digna</span>, aquella en la que el aprendiz (empleado) renuncia de forma voluntaria a parte de su autonomía transfiriendo decisiones al maestro o maestra (directivo/a) <span style="text-decoration: underline;">porque confía plenamente en él/ella</span>.</p>
<p>En los talleres de artesanía medievales ha tenido que haber mucho <strong>maestro autoritario</strong>, que fundaba su poder sobre el temor y la sumisión. Eran talleres muy jerarquizados que llevaban a rajatabla la escala de maestro-oficiales-aprendices. Sennett también habla de ello, aunque para mi gusto y el de algunos críticos del libro, con una mirada demasiado edulcorada.</p>
<p>En todo caso, esos talleres funcionaban en un entorno que no es el de hoy. Es lógico que los talleres de artesanía de entonces fueran un reflejo de la sociedad en la que vivían, donde la sumisión y el orden impuesto estaban a la luz del día. <span style="text-decoration: underline;">Pero el “taller” de hoy es otra cosa</span>…</p>
<p>Las grandes diferencias del taller moderno, el que yo me imagino, son claras:</p>
<ul>
<li>El ejercicio del “superior” o <em>maestro-artesano</em> discurre en un marco de relaciones personales mucho más cercanas, más cálidas.</li>
<li>Esa interacción más intensa y directa acentúa la necesidad de que <span style="text-decoration: underline;">la autoridad emane del ejemplo</span>.</li>
<li>Los márgenes de autonomía aumentan considerablemente porque el artesano, por muy aprendiz que sea todavía, aspira también a <span style="text-decoration: underline;">sentirse dueño de lo que hace</span>.</li>
</ul>
<p>Creo que viene bien pensar en esto; que dediquemos un ratito de tiempo cada mes a revisar con tono autocrítico <strong>cómo gestionamos esa difícil relación entre autoridad y autonomía</strong>. También, cómo no, en cuanta de nuestra autoridad es atribuida y no impuesta.</p>
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		<title>¿En tu casa o en la mía? (post-87)</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jul 2009 06:57:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amalio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Esto de bloguear tiene reglas no escritas, aunque seguramente hay mucho espacio en el que caben gustos y hábitos distintos. Es un territorio que depara sorpresas porque, a veces, no sabes bien qué hacer para manejar ciertas situaciones. Aunque en caso de duda siempre suelo guiarme por la intuición y mi conciencia, reconozco que mi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/07/dilema_-dos-opciones.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1194" style="margin: 6px; border: black 1px solid;" title="dilema_ dos opciones" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/07/dilema_-dos-opciones.jpg" alt="dilema_ dos opciones" width="300" height="200" /></a>Esto de bloguear tiene reglas no escritas, aunque seguramente hay mucho espacio en el que caben gustos y hábitos distintos.</p>
<p>Es un territorio que depara sorpresas porque, a veces, <strong>no sabes bien qué hacer para manejar ciertas situaciones</strong>.</p>
<p>Aunque en caso de duda siempre suelo guiarme por la intuición y mi conciencia, reconozco que mi naturaleza de <em>inmigrante</em> en este medio me crea cierta inseguridad.</p>
<p>Hace tiempo tengo un dilema, que creía resuelto, pero hace unos días descubrí que no, que tiene su <em>intríngulis</em>, y que bien merece un post para saber cómo lo veis vosotros.</p>
<p>Voy al grano y describo la situación = Llegas a un post que te gusta mucho porque plantea una pregunta inteligente, que apunta directamente a esos temas que más te gustan, y entonces quieres participar en la reflexión.</p>
<p>Pero el tema de debate es complejo, da mucho juego y te inspira, así que tienes que ser necesariamente extenso en tus comentarios. Mi pregunta es: <strong>¿Qué es mejor, publicar en ese blog tu largo comentario o llevar la reflexión al tuyo, con un post propio, introduciendo allí un enlace para que te visiten? </strong>En definitiva…<strong> ¿En tu casa o en la mía?<span id="more-1192"></span></strong></p>
<p>Como ya he dicho, esta duda me asalta hace tiempo. Soy de los que escriben largo, de los que se <em>enrollan</em> a pensar-y-escribir cuando encuentran algo que les inspira. Así que no es raro ver en otros blog algún comentario mío que sea extenso.</p>
<p>Siempre que los escribía, me preguntaba al final (antes de pulsar el botón de “enviar”) si un comentario extenso podía molestar al anfitrión del blog, pero después de darle muchas vueltas al asunto <strong>supuse que no.</strong></p>
<p>¿Cómo llegué a esa conclusión? Pues intentando saber qué sentiría yo en mi propio blog si encontraba comentarios largos, y la verdad es que <strong>¡¡me gustan!!.</strong> Agradezco un montón que lo hagan, y <strong>no me importa en absoluto la extensión siempre que se ajusten al tema y aporten valor</strong>. Ésta es una condición importante, que no se vayan <em>por los cerros de Úbeda</em>.</p>
<p>Así que una vez que me cercioré que la extensión de los comentarios era un factor irrelevante para mí, supuse que lo sería para los demás. Pero no sé si me equivoco y por eso me gustaría escuchar las opiniones de otros blogueros. Dicho más claro, <strong>estoy muy interesado en saber si en el mundo de los blog publicar un comentario largo se considera de mal gusto.</strong></p>
<p>Esto me lleva, necesariamente, a preguntar por la alternativa: <strong>¿Por qué no llevar la reflexión a tu propio blog, y enlazarla?</strong> Sobre esto también pensé hace tiempo, llegando a la conclusión que era mejor no hacerlo porque:</p>
<ol>
<li>Es preferible, por agradecimiento al autor, respetar el ámbito original donde se ha planteado el asunto</li>
<li>Es más cómodo para el lector seguir el hilo del debate en el mismo sitio, con todos los comentarios encadenados, y no estar saltando de un blog a otro</li>
<li>Introducir un enlace a tu propio blog, sobre todo cuando estas de visita en un sitio que recibe muchas visitas, se puede interpretar como un intento poco genuino de generar tráfico para tu blog</li>
<li>Algunos comentarios, aunque sean largos, pueden no tener la unicidad y el sentido de un post, porque solo se limitan a responder a preguntas concretas del post original. En estos casos, uno siente que es un poco forzado convertirlos en un post en sí mismos. Incluso a veces ni te apetece hacerlo porque las ideas te han surgido ahí, de forma natural, y nada más&#8230;</li>
</ol>
<p><a href="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/07/dilemma.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-1195" style="margin: 6px; border: black 1px solid;" title="dilemma" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/07/dilemma.jpg" alt="dilemma" width="300" height="300" /></a>Por las cuatro razones apuntadas había optado por dejar mis comentarios en los blog que visitaba, en lugar de generar un post en el mío. Pero hace muy poco me encontré de nuevo con una situación parecida que me ha hecho revisar el asunto y que ha motivado este meta-post.</p>
<p>Visitando el blog de <strong><a href="http://blog.consultorartesano.com/">Julen Iturbe</a></strong>, estuve participando en un interesantísimo debate dentro de un post que el autor tituló “<a href="http://blog.consultorartesano.com/2009/06/empresas-que-no-dejan-ver-el-bosque.html">Empresas que no dejan ver el bosque</a>”. El debate era de enjundia, pues se trataba de re-pensar el futuro de la empresa.</p>
<p>Pues bien, allí publiqué en distintos momentos dos largos comentarios en lugar de convertirlos en un post de mi blog. Justifiqué mi decisión con esta frase (que ciertamente simplifica el problema): “<em>Podría llevarlo a mi blog, y enlazarlo desde aquí, pero de los dos defectos, prefiero más el de huésped-charlatán que el de huésped-que-trinca-amigos-pa’-llevarse-a-su-casa</em>”.</p>
<p>Después, <a href="http://jesusfdezblog.wordpress.com/">Jesús Fernández</a> hizo alusión de nuevo al tema con esta inteligente aportación: “<em>Esta vez he optado por la vía de Amalio para alargarme aquí, pero sigo sin estar seguro de si no hubiera sido mejor llevarlo a un post donde profundizar algo más… y enlazarlo, que se supone es la clave. Tiendo a pensar que la frase final de Amalio, la incomodidad ética que le supone tomar prestado a Julen para “lo suyo” (que reconozco), <strong>no es sino un resquicio de nuestra mente tallada en el pasado</strong></em><strong>”</strong>.</p>
<p>Por último, el anfitrión (Julen) terminó de agitar mis dudas con este argumento: “<strong><em>Creo que es bueno que las conversaciones fluyan entre blogs y no solo dentro de uno</em></strong><em>, ¿no? En las blogosferas hay diversas formas de conversar y una de ellas es enlazar. Así que encantado de que desarrolléis en vuestros blogs ideas en torno a un nuevo modelo de empresa</em>”.</p>
<p>Pues bien, me apetecía exponer estas ideas aquí para escuchar vuestras opiniones. <strong>Veo cosas a favor y en contra de las dos prácticas. </strong>Ahora mismo no lo tengo tan claro como antes. <strong>Jesús</strong> señala algo que tiene mucho sentido: ¿Podrá más mi visión analógica de las redes? ¿Estaré pagando mi peaje cultural de <em>inmigrante</em>? ¿O las cuatro razones que expuse antes son más que razonables para seguir publicando comentarios y no enlazar?</p>
<p>Sé que cada uno puede tener sus gustos, y que el dilema se puede gestionar con flexibilidad. También que los enlaces y el hipertexto son la esencia de la conversación digital. Algunas veces, incluso, tengo claro que me apetece postear en lugar de comentar, y así lo haré. Pero en otras, sí que dudo una vez que he escrito el comentario&#8230;</p>
<p>No es la primera vez que ciertos hábitos digitales me plantean dudas o conflictos entre lo ético y lo práctico. ¿Qué pensáis vosotros? ¿Qué me recomendáis hacer? <strong>¿Qué os gustaría que se hiciera en vuestros blog?</strong> Quizás ésta última pregunta es la más interesante de todas.</p>
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