Siempre digo que el cambio radical en la relación de pareja no ocurre si te casas, sino cuando tienes el primer hijo.
Es ahí cuando te entra el vértigo de la responsabilidad y una cierta sensación de haberte metido en algo irreversible.
Salvando las distancias, su equivalente en el mundo profesional pudiera ser cuando empiezas a pagar nóminas.
Nadie duda que convertirte de trabajador por cuenta ajena a Autónomo significa un cambio importante, pero la gran sacudida vital se produce en el momento que haces-empresa, implicas a gente, y comienzas a pagar salarios.
La cuota de sacrificio que eso implica para el emprendedor-empresario (que es honesto) en términos de pérdida de autonomía personal y de estrés derivado del aumento de la percepción de riesgo es grande. Sin embargo, esto a menudo se ignora y no se valora lo suficiente.
Yo tengo una empresa pequeña, y mi riesgo es relativamente bajo porque en mi negocio no hay que hacer elevadas inversiones, y cuento con unos compañeros que parecen tan emprendedores como yo.
Mi “punto muerto” es accesible, un listón que se puede saltar incluso en tiempos revueltos como éstos, pero tengo que hacer el doble de esfuerzo para superarlo que si solo me dedicara a dar ponencias y a la vida contemplativa.
Ese extra de tensión genera agobio que terminas llevándote a casa, y compartiendo (sin comerla, ni beberla) con familia y amigos. Y además, produce sensaciones contraproducentes como estas:
- Llega fin de mes, y cuando eras empleado decías “que guay, ya voy a cobrar”. Ahora todo lo contrario “puff, bajan las reservas, toca pagar”.
- Llega el verano, y cuando eras empleado decías “que estupendo, llegan las vacaciones”. Ahora digo: “vaya, a soltar una pasta por un mes en que no vamos a ingresar nada”. Leer más… »








Continuando mi post anterior, a propósito de iFEST como ejemplo de evento español con vocación global, quiero recordar que no me interesa el pasado más que para aprender y extraer lecciones, que para mí son estas:







Últimos Comentarios