Alguna vez me han dicho que retuerzo argumentos con cierta desmesura o incluso que me gusta la polémica.
También me han tildado de pesado por insistir mucho en una idea en la que he creído; y entonces yo respondo “oye, qué se le va a hacer, no quiero tener un millón de amigos, ni me voy a dedicar a la política”.
Ese tipo de alusiones antes (en mis años de moza inseguridad) me generaban dudas, pero ahora sé que el problema lo tienen ellos. ¿Qué carajo pasa con la dialéctica y el contrapunto en este país? ¿Por qué tanta pereza? ¿Tenemos tanta prisa por ocultar la entropía y aparentar falsos apaños?
Están de moda los corredores de sprint, con potencia líquida, esa que se consume rápido. Disparan unos cuantos argumentos y a la menor resistencia, bajan las velas. Cambian de tercio, se aburren. Venga, lo dejamos, no me apetece, no quiero “malos rollos”.
No me veo ahí, me va más el medio fondo. Creo que hay formas amables y apasionantes (es decir, que no aburren) de escudriñar territorios difíciles sin necesidad de saltar de una rama a otra para poder liberar endorfina. Pienso que tendríamos que ser más constantes, insisto, más constantes en la reflexión.
En el dospuntocerismo, por ejemplo, se lleva bastante lo de esforzarse por parecer un tío/a guay que cultiva una peña numerosa. El tinglado está montado sobre la idea de socializar, y así vemos cómo la gente evita entrar en situaciones espinosas que impliquen una abierta divergencia, y menos aún si tiene que hacerlo con un/a “peje gordo” de la movida.
Siempre lo digo. El síndrome-del-tío-guay provoca consensos y unanimidades bastante forzadas cuando se busca engordar las estadísticas de seguidores a base de ser adorable y conciliador tanto como se pueda. Pero a estas alturas deberíamos haber aprendido que “divergencia” no significa “beligerancia”, ni discrepar implica deslealtad o “mal rollo”, ¡¡y ya ni te digo entre buenos amigos!! Leer más… »







Continuando mi post anterior, a propósito de iFEST como ejemplo de evento español con vocación global, quiero recordar que no me interesa el pasado más que para aprender y extraer lecciones, que para mí son estas:






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