El domingo pasado, ya son 9 días, perdí mi versátil HTC Google Magic, el smart-phone que adquirí hace unos meses para poder estar conectado todo el tiempo a Google, leer mis correos en tiempo real y para todas esas virguerías que se pueden hacer con esos aparatillos diabólicos.
Me entró el ataque cuando empecé a buscarlo, y no aparecía por ninguna parte. Llegaba a casa de un largo viaje y ya el martes salía de nuevo, esta vez a Galicia, así que empecé a sentir stress por lo que parecía una desconexión forzada, un castigo divino que me aislaría un tiempo del fascinante “always on”.
Intenté sacar una copia de mi tarjeta en Vodafone, pero se aliaron todos los elementos para que eso no fuera posible: “el servidor está fallando, no es posible hacer una copia”. Después fui a otra tienda que tenía el rótulo de “Vodafone” pero, franquicia al fin, resulta que no hacía ese trámite para empresas. Tampoco había sumado puntos suficientes para que me dieran otro.
Mientras, me iba haciendo a la idea de que mi entrañable Magic se había ido para siempre, no recibía noticias de ella/él, pobre compañero/a en manos ajenas o tirado/a en una cuneta.
El mismo martes admití el dolor de la pérdida, y tuve que echar mano de un viejo móvil de Ana María, mi chica, un Nokia del año de la pera que lo único que sabe hacer es recibir y hacer llamadas, y enviar sms. Como no tenía copia de mi tarjeta, y tenía que bloquear el teléfono perdido, decidimos gestionar un desvío de llamada.
Hoy hace más de una semana que prescindí a la fuerza del Magic. Qué penita, por dios. Una semana que no reviso los tweets en mi móvil, que no twitteo desde el teléfono, que no leo los feeds on the road, ni entro en Internet en mis granulados “tiempos muertos”, como ya se había hecho costumbre en mi vida. Ahora solo estoy en modo digital cuando trabajo con el portátil.
¿Y qué ha pasado desde entonces? ¿me he perdido algo importante? ¿siento síndrome de abstinencia? ¿me ha entra’o el mono por ver cómo mi generosa pantallita me devuelve en tiempo real palmaditas de egosurfing?
¡¡Pues no, nada de eso!! Siento más bien todo lo contrario. Ha vuelto la paz, estoy unos cuantos centímetros más sereno. ¿Y por qué? A ver, intentaré contaros las ventajas (que veo ahora) de este viejo y humilde Nokia vs. mi chulísimo y todopoderoso Google Magic: Leer más… »








Últimos Comentarios