Sigo en campaña de reciclaje y trasvase de contenidos. No es falta de inspiración, créeme.
Sólo que siento que vale la pena traer al blog apuntes que he publicado en otros medios pero ahora en formato más reducido, y de paso, los meneamos un poco.
Escribí no hace mucho un artículo con el título “¿Las empresas conversan?”, en el boletín que publicamos periódicamente en emotools.
La motivación me nació de un post de Alberto Ruiz de Zarate (Alorza) que publicó en noviembre de 2008, aunque era una tesis que se venía defendiendo hace tiempo en Internet y que todavía hoy es posible ver repetida en muchos PowerPoint que desfilan por eventos 2.0.
Parece un debate superado, incluso obsoleto, pero no es así. La mejor prueba es que el tema sale de forma recurrente en muchos de mis seminarios, y termina generando bastante discusión.
En ese post, Ruiz de Zarate (Alorza) respondía a la pregunta “¿cómo puede entrar mi empresa en la gran conversación?” con un rotundo “las empresas NO conversan, lo hacen las personas”, afirmación que parece sugerirnos que:
- La conversación es cosa de humanos, de personas. Las empresas son entelequias que no hablan, ni escuchan, y por lo tanto, no pueden entrar en la gran conversación. Más bien discursan (esto ya lo sabíamos del Manifiesto Cluetrain).
- Las empresas no pueden adoptar una política proactiva de generación de conversaciones, más allá de limitarse a escuchar, enlazar y alguna cosilla más.
- Solo las personas tienen licencia para “hablar” en los medios sociales. Es un proceso emergente y espontaneo donde la empresa tiene muy poco que aportar.
La sentencia de Alorza me gusta en la medida que sirve de aviso para aquellos empresarios que sienten la tentación de gestionar los medios sociales con la arrogancia que lo han hecho en el mundo de la publicidad. Es un oportuno recordatorio de que la conversación en red no funciona con los mismos parámetros que la comunicación empresarial de toda la vida. Sirve para situar a las personas como las verdaderas protagonistas, y visto así, la frase tiene mucho sentido.
Pero, al mismo tiempo, se interpreta de ella (a mi juicio, erroneamente) que las empresas tienen muy poco que hacer en la gestión de los medios sociales, como si las buenas conversaciones fueran solo fruto de la generación espontánea.
Es ahí donde me gustaría centrarme, poniendo sobre la mesa la cuestión de si las empresas/organizaciones pueden tener una “política de conversaciones”, una estrategia deliberada para motivar y estimular a que las personas escuchen y hablen sobre ella; o si hacerlo las coloca en una situación poco creíble e incluso, intervencionista. Leer más… »













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