Sigo con mi seriado para reseñar el material que publicamos en el último boletín de septiembre de emotools, que da mucho de sí.
En vacaciones pude leer por fin el primer libro de la trilogía sobre cultura material de Richard Sennett, “El Artesano”, al que le seguirán dos joyitas más: “Guerreros y Sacerdotes” y “El extranjero”.
Aunque a estas alturas parezca obvio, lo primero que hay que revisar es la idea del artesano como alguien que solo hace trabajos manuales.
Ser artesano debe percibirse como una cultura, una forma de hacer las cosas y ver la vida, que puede expresarse en territorios mucho más amplios que el del trabajo manual. Por tanto, cuando hablamos de “artesanía” o de “artesanos” lo que estamos haciendo valer es la metáfora que supone.
Según Sennett, la “Artesanía” es el “deseo de realizar bien una tarea, sin más, solo por hacerla bien”, e insiste a lo largo de todo el libro que “la artesanía es trabajo impulsado por la calidad”.
Confieso que esperaba una definición más redonda y contundente de lo que es el artesano, y me sigue pareciendo incompleta esa forma de describirlo.
O mi forma de pensar me limita para entender algo tan simple, o me falta algo en la ecuación. No sé, a mi me parece que hacer las cosas bien porque sí, porque disfrutas lo que haces, es condición necesaria pero no suficiente para sentirte un artesano.
Hay personas que se empeñan en hacer las cosas bien guiadas por motivaciones intrínsecas, por mero disfrute, pero siguiendo una lógica y unos objetivos que pudieran ser “industriales”. Disfrutan su parte, y la hacen con calidad, pero sumergidos dentro de una cadena o dinámica que es industrial.
Por tanto, para hablar de artesanía sigo pensando que no es suficiente con “disfrutar”. Por mucho placer que pongas en lo que haces, si produces por lotes, a mí me parece que falta ahí un rasgo clave: la personalización. Lo siento, sé que es una palabra manida, de la que se ha abusado mucho, pero opto por ella porque es fácil de entender. Leer más… »










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