lentitud

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alimentos¿Eres de los que compran, se gastan su dinero, y nada más?.

Bueno, es una opción, pero, también hay otra: ser compradores reflexivos.

A veces no somos conscientes de que buena parte del sistema capitalista se esculpe  en el profano acto de la compra, cuando decidimos adquirir una cosa u otra, o cuando optamos por un proveedor u otro.

Siguiendo la reflexión de dos posts anteriores Nº118 (sobre el decrecimiento) y Nº119 (sobre la lentitud), una de las ideas que me han parecido más interesantes de la filosofía del Decrecimiento, por ir en sentido totalmente contrario a los reclamos de la globalización, es su propuesta de:

“Acortar la distancia entre productor y consumidor a favor del desarrollo humano,  ‘RElocalizar’ la economía como el proceso inverso a ‘DESlocalizar’

Entre los experimentos del Decrecimiento están todas las iniciativas para relocalizar la economía. Por ejemplo, el fomento de producciones biológicas y artesanales locales para generar circuitos cortos entre productor y consumidor.

Como reflexión en torno a la deslocalización, insisten en que “el consumidor de productos de bajo precio no parece darse cuenta de que él mismo está a punto de crear las condiciones de su futuro desempleo” y por eso proponen:

  • Desintoxicarse del hábito del “precio más bajo posible” y ¡¡comprar menos pero mejor!!
  • Proveerse lo máximo posible en los mercados de productores locales o participar en un huerto colectivo = Comprar preferentemente productos locales y evitar los fabricados lejos
  • Evitar compras en las Grandes Superficies = “la Gran Superficie es, por desgracia, una concentración de horrores: empleos precarios, transportes por carretera necesarios para este tipo de distribución, mercancías cada vez más baratas traídas del otro lado del mundo, hay que ir en coche siempre, menos variedad, más uniformidad”. Leer más… »

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htc-magic-vodafone-ukEl domingo pasado, ya son 9 días, perdí mi versátil HTC Google Magic, el smart-phone que adquirí hace unos meses para poder estar conectado todo el tiempo a Google, leer mis correos en tiempo real y para todas esas virguerías que se pueden hacer con esos aparatillos diabólicos.

Me entró el ataque cuando empecé a buscarlo, y no aparecía por ninguna parte. Llegaba a casa de un largo viaje y ya el martes salía de nuevo, esta vez a Galicia, así que empecé a sentir stress por lo que parecía una desconexión forzada, un castigo divino que me aislaría un tiempo del fascinante “always on”.

Intenté sacar una copia de mi tarjeta en Vodafone, pero se aliaron todos los elementos para que eso no fuera posible: “el servidor está fallando, no es posible hacer una copia”. Después fui a otra tienda que tenía el rótulo de “Vodafone” pero, franquicia al fin, resulta que no hacía ese trámite para empresas. Tampoco había sumado puntos suficientes para que me dieran otro.

Mientras, me iba haciendo a la idea de que mi entrañable Magic se había ido para siempre, no recibía noticias de ella/él, pobre compañero/a en manos ajenas o tirado/a en una cuneta.

El mismo martes admití el dolor de la pérdida, y tuve que echar mano de un viejo móvil de Ana María, mi chica, un Nokia del año de la pera que lo único que sabe hacer es recibir y hacer llamadas, y enviar sms. Como no tenía copia de mi tarjeta, y tenía que bloquear el teléfono perdido, decidimos gestionar un desvío de llamada.

Hoy hace más de una semana que prescindí a la fuerza del Magic. Qué penita, por dios. Una semana que no reviso los tweets en mi móvil, que no twitteo desde el teléfono, que no leo los feeds on the road, ni entro en Internet en mis granulados “tiempos muertos”, como ya se había hecho costumbre en mi vida. Ahora solo estoy en modo digital cuando trabajo con el portátil.

¿Y qué ha pasado desde entonces? ¿me he perdido algo importante? ¿siento síndrome de abstinencia? ¿me ha entra’o el mono por ver cómo mi generosa pantallita me devuelve en tiempo real palmaditas de egosurfing?

¡¡Pues no, nada de eso!! Siento más bien todo lo contrario. Ha vuelto la paz, estoy unos cuantos centímetros más sereno. ¿Y por qué? A ver, intentaré contaros las ventajas (que veo ahora) de este viejo y humilde Nokia vs. mi chulísimo y todopoderoso Google Magic: Leer más… »

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relojA una persona como yo, que se dedica a la innovación, le cuesta mucho asimilar las ventajas de andar más despacio.

Lo entiendo a nivel personal, pero me costaría recetarlo a las empresas.

Los que nos dedicamos a esto andamos siempre por ahí repitiendo palabros como rapidez, velocidad, acelerar el time-to-market, ser ágiles, correr y más correr.

A más “líquida” va la sociedad, más de prisa sugerimos que anden las empresas. Literatura de esto abunda en nuestros libreros, y nos parece todo muy natural.

Esto me recuerda una frase estupenda que escuchó decir un amigo a un taxista: “cuando me falta tiempo, duermo más de prisa”, y así andamos todos.

En esa búsqueda encontré el libro Elogio a la lentitud”, de Carl Honore (RBA Libros), que explica los fundamentos del llamado “Movimiento Slow”, según el cual la lentitud no tiene que ver con la ineficacia sino con el equilibrio: actuar con rapidez cuando tiene sentido hacerlo, pero ser lentos si es lo que resulta más conveniente.

La obra de Carl Honore habla precisamente de esto, y es un libro que recomiendo. De hecho, a mí me parece que el Movimiento Slow es casi un hermano gemelo (y complementario) de la Teoría del Decrecimiento que comenté en mi post anterior. Leer más… »

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Menos es mas_portada del libroConcebir la opción de decrecer en vez del “cada-vez-más”, y de aminorar la marcha en lugar del “cada-vez-más rápido” se antoja un desafío complicado para los que nos dedicamos a la innovación.

¿Cuándo paramos? ¿Cuándo descansamos? Estas cuestiones se responden por las tesis de la Filosofía del Decrecimiento y del Movimiento Slow que comento en un artículo que escribí hace poco para emotools titulado “Decrecimiento y lentitud”.

Se me ocurrió hablar sobre esto después de leer “Menos es más”, el título de la versión castellana del libro de Nicolás Ridoux sobre la filosofía del “decrecimiento”, que critica la desmesura del “cada-vez-más”, e invita al lector a convertirse en “objetor del crecimiento”.

Por añadidura, las críticas que he ido leyendo hacia la obsesión por el crecimiento me han llevado a un territorio contiguo, a descubrir y a reflexionar sobre temas conexos como el del culto a la velocidad, un tema que voy a tratar en el siguiente post.

Mientras escribo me doy cuenta que tengo más preguntas que respuestas, porque incorporar conceptos como “lentitud” o “decrecimiento” en la lógica del innovador (y más el primero que el segundo) se antoja un desafío complicado, pero que intuyo vale la pena, como mínimo para entrenar el espíritu crítico. En este post voy a centrarme en la llamada “Teoría del Decrecimiento”, y en el siguiente hablaré del “Movimiento Slow”.

El afán de crecimiento crónico en la empresa

El mundo de la empresa ha elevado a categoría de dogma la necesidad del continuo crecimiento. La consigna ha sido siempre: “tienes que crecer, si no creces es mal síntoma, estás perdido”. Leer más… »

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transparencia-escalera-sobre-espejoNos han enseñado a ser tan políticamente correctos, que nos hinchamos de mentir.

Como resultado de ello ahora lo normal, en toda manifestación pública, es ser educadamente hipócritas, y así nos va…

El título de este post tiene que ver con una reflexión mañanera que me ha llevado a la triste conclusión de que estamos participando en un juego… en un juego de hipócritas. ¿Por qué lo digo?

Pues porque se produce un toma-y-daca bastante dañino que intentaré explicaros.

Las intervenciones públicas son tan políticamente correctas, tan formales, bonitas e insípidas, que entonces nos han acostumbrado a aburrirnos, o en el mejor de los casos, a intentar con lupa “leer entre líneas” para ver si dicen algo sabroso en medio de tanta jerga previsible. Leer más… »

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