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	<title> &#187; lentitud</title>
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		<title>Relocalización (post-121)</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Dec 2009 07:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amalio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Eres de los que compran, se gastan su dinero, y nada más?. Bueno, es una opción, pero, también hay otra: ser compradores reflexivos. A veces no somos conscientes de que buena parte del sistema capitalista se esculpe  en el profano acto de la compra, cuando decidimos adquirir una cosa u otra, o cuando optamos por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="file:///C:/DOCUME%7E1/amalioXP/CONFIG%7E1/Temp/moz-screenshot.jpg" alt="" /><img src="file:///C:/DOCUME%7E1/amalioXP/CONFIG%7E1/Temp/moz-screenshot-1.jpg" alt="" /><a href="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/alimentos.JPG"><img class="alignleft size-medium wp-image-1630" style="border: 1px solid black; margin: 6px;" title="alimentos" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/alimentos-300x224.jpg" alt="alimentos" width="267" height="200" /></a>¿Eres de los que compran, se gastan su dinero, y nada más?.</p>
<p>Bueno, es una opción, pero, también hay otra: ser <strong>compradores <span style="text-decoration: underline;">reflexivos</span></strong>.</p>
<p>A veces no somos conscientes de que <strong>buena parte del sistema capitalista se esculpe  en el profano acto de la compra</strong>, cuando decidimos adquirir una cosa u otra, o cuando optamos por un proveedor u otro.</p>
<p>Siguiendo la reflexión de dos posts anteriores <a href="http://www.amaliorey.com/2009/11/26/decrecimiento-post-118/"><strong>Nº118</strong></a> (sobre el decrecimiento) y <a href="http://www.amaliorey.com/2009/11/27/lentitud-post-119/"><strong>Nº119</strong></a> (sobre la lentitud), una de las ideas que me han parecido más interesantes de la <strong>filosofía del Decrecimiento</strong>, por ir en sentido totalmente contrario a los reclamos de la globalización, es su propuesta de:</p>
<p><strong>“Acortar la distancia entre productor y consumidor a favor del desarrollo humano,  ‘<span style="text-decoration: underline;">RElocalizar</span>’ la economía como el proceso inverso a ‘<span style="text-decoration: underline;">DESlocalizar’</span>”</strong></p>
<p>Entre los experimentos del Decrecimiento están todas las iniciativas para <strong><em>relocalizar</em></strong> la economía. Por ejemplo, el fomento de producciones biológicas y artesanales locales para <strong>generar circuitos cortos entre productor y consumidor</strong>.</p>
<p>Como reflexión en torno a la deslocalización, insisten en que “e<em>l consumidor de productos de bajo precio no parece darse cuenta de que él mismo está a punto de crear las condiciones de su futuro desempleo</em>” y por eso proponen:</p>
<ul>
<li>Desintoxicarse del hábito del “precio más bajo posible” y <strong>¡¡comprar menos pero mejor!!</strong></li>
<li>Proveerse lo máximo posible en los <strong>mercados de productores locales</strong> o participar en un huerto colectivo = Comprar preferentemente productos locales y evitar los fabricados lejos</li>
<li><strong>Evitar compras en las Grandes Superficies</strong> = “<em>la Gran Superficie es, por desgracia, una concentración de horrores: empleos precarios, transportes por carretera necesarios para este tipo de distribución, mercancías cada vez más baratas traídas del otro lado del mundo, hay que ir en coche siempre, menos variedad, más uniformidad</em>”.<span id="more-1628"></span></li>
</ul>
<p>Los precursores de este pensamiento sostienen que, a consecuencia de las políticas agrícolas de los últimos 30 años, <strong>nuestras regiones se han híper-especializado</strong>, metidas de a lleno en el <em>productivismo</em>. Como alternativa sugieren el concepto de <strong>“eco-región”</strong> para restaurar la autonomía alimentaria y favorecer los intercambios internos.</p>
<p>Esto suena a <em>autarquía</em>, y no encaja con la doctrina moderna, pero si lo analizamos bien, tiene mucho sentido:</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Queremos importar de lejos para pagar menos y así comprar cada vez más; pero lo mismo tendríamos que comprar menos pero mejor, en la esquina de casa o de la misma huerta.</strong></p>
<p style="text-align: left;">Ahora que hablamos tanto de la &#8220;deslocalización&#8221; como un fenomeno irreversible, incontestable, porque la economía mundial será global en todos los órdenes, de nuevo vendría bien echar el freno, y cuestionarse las premisas que están detrás de todo esto.<strong> Por favor, ¡¡al menos pensemos si es cierto!! No repitamos como papagayos lo que nos cuentan. </strong></p>
<p style="text-align: left;">Por eso me encanta la idea de la<strong> &#8220;relocalización&#8221;</strong>, como concepto que rompe el mimetismo mental de la huida de la industria. Es cierto lo que dice esta gente. <strong>La relocalización es posible si miráramos a otras variables distintas al precio. </strong></p>
<p style="text-align: left;"><a href="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/siempre-frescos.jpg"><img class="size-medium wp-image-1649 alignright" style="border: 1px solid black; margin: 6px;" title="siempre frescos" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/siempre-frescos-300x214.jpg" alt="siempre frescos" width="300" height="214" /></a>Pero maticemos. Hay gente que no tiene más remedio que buscar lo más barato, porque lo que gana ni siquiera le alcanza para cubrir sus necesidades mínimas comprando-todo-barato. La<strong> &#8220;sencillez voluntaria&#8221; </strong>que recomienda la Teoría del Decrecimiento es un consejo que ahí  sobra, y que incluso puede molestar, así que me lo ahorro.</p>
<p style="text-align: left;">Pero no es el caso de <strong>un montón de personas que compran barato solo porque quieren tener mas de todo, y ni siquiera se preguntan si necesitan todo eso que compran</strong>. Consumismo estupido, de rebaño.</p>
<p style="text-align: left;">Soy el primero que he caído en ello, así que no hablo desde un pedestal. Pero por suerte voy revisando esos hábitos, y estoy contento por ello.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Si estas dispuesto/a a consumir menos, puedes comprar mejor. Y si quieres comprar mejor, lo más probable es que debas hacerlo a productores locales. </strong></p>
<p style="text-align: left;">Eso reforzará, además, un ecosistema de relaciones más humano, más cercano, donde productor y consumidor se conozcan, y contribuyan a una mayor confianza colectiva. <strong>Sentido de pertenencia</strong> se llama eso.</p>
<p style="text-align: left;">Si solo nos fijamos en el precio, o en el envoltorio, lo que estamos haciendo es votar por la perpetuación del modelo consumista. Pero si en el acto de compra fueramos capaces de considerar <strong>otras variables</strong> como:</p>
<ul>
<li>Los <strong>valores </strong>que defiende la empresa que vende el producto o servicio</li>
<li>La <strong>cercanía </strong>del productor</li>
<li>El <strong>valor real</strong> que nos aporta ese producto</li>
<li>Las <strong>cosas buenas y genuinas que nos perdemos</strong> al poner nuestro dinero ahí</li>
<li>Lo que aporta a nuestra <strong>salud y bienestar</strong> integral y,</li>
<li>En qué medida esa compra <strong>beneficia a mi comunidad</strong> más próxima.</li>
</ul>
<p style="text-align: left;">entonces, <em>otro gallo cantaría. </em></p>
<p style="text-align: left;">Es evidente que con ser<strong> &#8220;compradores reflexivos&#8221; </strong>no va a ser suficiente para curar al Capitalismo de todos sus males, pero nos quitaríamos muchos disgustos e injusticias de encima. Empezando por acallar un poco la cantaleta de la <strong>deslocalización </strong>con que nos tienen adormecidos y asustados.</p>
<p style="text-align: left;">La <strong>relocalización </strong>depende en gran medida de nosotros, como consumidores responsables, y no de esa carrera frenética por bajar costes a cualquier precio.</p>
<p style="text-align: left;">
]]></content:encoded>
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		<title>No extraño a mi Magic (post-120)</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Dec 2009 07:04:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amalio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El domingo pasado, ya son 9 días, perdí mi versátil HTC Google Magic, el smart-phone que adquirí hace unos meses para poder estar conectado todo el tiempo a Google, leer mis correos en tiempo real y para todas esas virguerías que se pueden hacer con esos aparatillos diabólicos. Me entró el ataque cuando empecé a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/htc-magic-vodafone-uk.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1641" style="border: 1px solid black; margin: 6px;" title="htc-magic-vodafone-uk" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/htc-magic-vodafone-uk-300x300.jpg" alt="htc-magic-vodafone-uk" width="256" height="256" /></a>El domingo pasado, ya son 9 días, perdí mi versátil <strong>HTC Google Magic</strong>, el smart-phone que adquirí hace unos meses para poder estar conectado todo el tiempo a Google, leer mis correos en tiempo real y para todas esas virguerías que se pueden hacer con esos <strong>aparatillos <em>diabólicos</em></strong>.</p>
<p><strong><em>Me entró el ataque</em></strong> cuando empecé a buscarlo, y no aparecía por ninguna parte. Llegaba a casa de un largo viaje y ya el martes salía de nuevo, esta vez a Galicia, así que empecé a sentir stress por lo que parecía una desconexión forzada, un castigo divino que me aislaría un tiempo del fascinante “<em>always on</em>”.</p>
<p>Intenté sacar una copia de mi tarjeta en <strong>Vodafone</strong>, pero se aliaron todos los elementos para que eso no fuera posible: “<em>el servidor está fallando, no es posible hacer una copia</em>”. Después fui a otra tienda que tenía el rótulo de “Vodafone” pero, franquicia al fin, resulta que no hacía ese trámite para empresas. Tampoco había sumado puntos suficientes para que me dieran otro.</p>
<p>Mientras, me iba haciendo a la idea de que mi entrañable <strong>Magic</strong> se había ido para siempre, no recibía noticias de ella/él, pobre compañero/a en manos ajenas o tirado/a en una cuneta.</p>
<p><strong>El mismo martes admití el dolor de la pérdida</strong>, y tuve que echar mano de un <strong>viejo móvil</strong> de Ana María, mi chica, un Nokia <em>del año de la pera</em> que lo único que sabe hacer es recibir y hacer llamadas, y enviar sms. Como no tenía copia de mi tarjeta, y tenía que bloquear el teléfono perdido, decidimos gestionar un desvío de llamada.</p>
<p>Hoy hace más de una semana que prescindí a la fuerza del Magic. Qué penita, por dios. Una semana que no reviso los tweets en mi móvil, que no twitteo desde el teléfono, que no leo los feeds <em>on the road</em>, ni entro en Internet en mis granulados “<em>tiempos muertos</em>”, como ya se había hecho costumbre en mi vida. <strong>Ahora solo estoy en modo digital cuando trabajo con el portátil.</strong></p>
<p><strong>¿Y qué ha pasado desde entonces?</strong> ¿me he perdido algo importante? ¿siento síndrome de abstinencia? ¿me ha entra’o el mono por ver cómo mi generosa pantallita me devuelve en tiempo real palmaditas de <em>egosurfing</em>?</p>
<p><strong>¡¡Pues no, nada de eso!!</strong> Siento más bien todo lo contrario. Ha vuelto la paz, estoy unos cuantos centímetros más sereno. ¿Y por qué? A ver, intentaré contaros las ventajas (que veo ahora) de este viejo y humilde Nokia vs. mi chulísimo y todopoderoso Google Magic:<span id="more-1639"></span></p>
<ol>
<li><strong>La batería, qué maravilla, me he quita’o de encima la tiranía del cargador</strong>, porque esos Smartphone son unos sprinters gastones de coj… y resulta que mi sucedáneo es un auténtico corredor de maratón.</li>
<li>Cuando me traslado en taxi o me llevan a algún sitio, voy mirando el paisaje, la vida que hay allí afuera, o me dedico a charlar con el taxista, <strong>en lugar de estar embebido en la jodida pantallita</strong>, como venía haciendo con el Magic. Era subirse al taxi, y engancharme al aparatillo, menudo hábito más insano. ¿Y cuando estoy solo, comiendo en un restaurante, en unos de mis viajes?, pues me pasó en Galicia, y disfruté observando a la gente, al vaivén de camareros o a ese señor tan raro de la mesa de al frente que se dedicaba a recortar su periódico con el esmero de un detective. Con mi Magic, me hubiera puesto a leer e-mails, y seguro que la digestión habría sido menos amable.</li>
<li>Si estoy conversando, estoy conversando. Si estoy tomándome una birra, pues eso, una birra. Ningún tecno-chasquido me avisa que alguien me busca para que le lea. “<strong>Una sola cosa a la vez</strong>”, como bien aconseja la sabiduría budista.</li>
<li>Los correos los reviso todos juntos, cuando mi cuerpo y mi mente están listos para eso, y no cada 20 minutos. Incluso <strong>abro mi correo en el portátil más ilusionado</strong>, porque la probabilidad de que toque una sorpresa agradable es mayor. Leo por grandes lotes, así que las buenas noticias atenúan los chillidos de las malas.<a href="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/mobile-widespread.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1642" style="border: 1px solid black; margin: 6px;" title="mobile-widespread" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/mobile-widespread-300x225.jpg" alt="mobile-widespread" width="260" height="195" /></a></li>
<li><strong>Se acabó la dispersión del egosurfing</strong>, un <em>deporte</em> que si le dejas, puede gastarte las precarias baterías de los smart-phone en cuestión de unas pocas horas, y también achicharrarte las entendederas. Ahora dejo que las estadísticas sigan su curso, y si hablan de mi, de mis posts o mis tweets, vale… ya me enteraré pero…cuando toque.</li>
<li><strong>Tengo la sensación de que me llaman menos</strong>, y a mí nunca me ha gusta’o demasiado el teléfono (se me nota, no??). Me siento liberado. Encima he dejado que Ana María elija el sonido de aviso de las llamadas entrantes (entre las muy pocas opciones que ofrecía el digno “viejito”) y la que eligió está bastante mejor, más auténtica y sé que me aburrirá menos.</li>
<li><strong>No twitteo en tiempo real porque no estoy “always on”.</strong> ¿pero qué necesidad tengo de eso? me pregunto ahora que no puedo. Lo que veo interesante me lo guardo para mí, lo saboreo y condimento de emociones íntimas. Si me apetece contarlo, porque pienso que vale la pena o simplemente porque me da por ahí… entonces será algo tan bueno (y que no olvidaré) que puede esperar hasta el próximo portátil que caiga en mis manos. De este modo consigo que <strong>mis tweets sean menos frecuentes pero mejoren en calidad</strong>. Y eso que yo no twitteo mucho, porque los hay por ahí que bien les vendría una estricta dieta de móviles para ahorrarnos tanto texto insensato.</li>
</ol>
<p>En definitiva, me he dado cuenta que <strong>no lo paso tan mal con este salto cuántico a la época de las cavernas</strong>. Pero OJO, esto es para mí, tiene que ver con mi escala de valores y con mis vivencias personales. Posiblemente también con mi edad. No lo sé. Pero sí que me gustaría insistir en esto: <strong>Haz la prueba, intenta una “<em>dieta de aparatillos diabólicos</em>” a ver qué sientes.</strong></p>
<p>Lo curioso es que me veo metido dentro de un fenómeno circular, en el que todo cuadra, pieza a pieza, porque casi sin darme cuenta, me descubro escribiendo últimamente varios posts que tienen que ver con la conveniencia de <strong>atenuar o gestionar mejor esta frenética vida digital en la que estamos metidos. </strong>¿Cuántas horas al día nos pasamos frente a una pantalla? ¿Eso es normal, de verdad que no hace daño?<strong> </strong></p>
<p>Comencé hablando de la <strong><a href="../../../../../2009/08/08/vacaciones-y-sobre-exposicion-digital-post-95/">sobre-exposición digital en vacaciones</a></strong>, para <a href="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/12/2485042083_7b898f8d2d.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1658" style="border: 1px solid black; margin: 6px;" title="2485042083_7b898f8d2d" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/12/2485042083_7b898f8d2d-300x225.jpg" alt="2485042083_7b898f8d2d" width="223" height="167" /></a>quejarme de cómo estos aparatillos merecen un protagonismo inmerecido incluso en períodos de descanso.</p>
<p>Después hice un sentido “<strong><a href="../../../../../2009/08/24/elogio-a-la-desconexion-post-96/">elogio a la desconexión</a></strong>”,  porque me apetecía insistir en la necesidad del descanso y del modo OFF, recordando que la vida digital implica (en la mayoría de los casos) un coste de oportunidad en términos de vida analógica.</p>
<p>Recientemente he escrito sobre el “<strong><a href="../../../../../2009/11/26/decrecimiento-post-118/">decrecimiento</a></strong>” y la “<strong><a href="../../../../../2009/11/27/lentitud-post-119/">lentitud</a></strong>”, dos categorías que han tenido siempre una connotación peyorativa, pero que tenemos que revisar. Sus antónimos (crecimiento crónico y culto a la velocidad) tienen mucho en común, se refuerzan mutuamente, y <strong>los artilugios digitales como el móvil (mientras más inteligentes, peor) son el vehículo perfecto para el desenfreno.</strong></p>
<p>Sí, ya sé que el problema no está en las herramientas, sino en la actitud, y en nuestra capacidad de consumo responsable.</p>
<p>Mucho me temo que usuarios distinguidos e infomados como <a href="http://yoriento.com/2009/09/android-google-twitter-y-mi-htc-magic-600.html/"><strong>@Yoriento</strong></a> o <a href="http://suenosdelarazon.com/2009/09/01/android-o-google-en-el-bolsillo/"><strong>@Sueñosdelarazon</strong></a> me van a tirar de las orejas por decir todo esto de la Magic, y probablemente no estén de acuerdo conmigo, pero resulta que al final es muy poca gente la que sabe poner en su lugar a estos fríos cacharritos. Lo de siempre, <strong>“pos’ya que” tenemos esto que permite hacer tantas cosas, pues hagámoslas… </strong></p>
<p>Todo esto me recuerda a la famosa <strong>“Ley de la Rana”.</strong> Supongo que la conocéis. Si metes una rana en una palangana hirviendo, salta como una loca, reacciona. Pero si lo haces en agua tibia, y vas elevando poco a poco la temperatura, <strong>termina achicharrándose sin enterarse, la pobre. </strong>Pasa también con la obesidad, nos vamos dejando, porque los kilos suben por gramos, y poco a poco. Si aumentaras de golpe 10 Kg, irías corriendo al médico a pedir soluciones, harías algo.</p>
<p>Eso me temo, que la promesa de socialización digital con que nos venden estas tecnologías nos esté robando <strong>poco a poco</strong> muchos instantes mágicos y relaciones humanas de más calidad. Menos “amigos” (en realidad, “conocidos”), menos conexiones pero más auténticas, las que se producen en torno a un café, mirando a los ojos o compartiendo una estufa. Y mientras… el móvil apagado, “always OFF”.</p>
<p>P<strong>or cierto, “<em>donde estará mi carro</em>”… perdón, mi HTC Magic</strong>. Pues no lo sé, y poco me importa. Quien la tenga, que la disfrute porque yo (por ahora) no la extraño para nada.</p>
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		<title>Lentitud (post-119)</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Nov 2009 16:32:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amalio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A una persona como yo, que se dedica a la innovación, le cuesta mucho asimilar las ventajas de andar más despacio. Lo entiendo a nivel personal, pero me costaría recetarlo a las empresas. Los que nos dedicamos a esto andamos siempre por ahí repitiendo palabros como rapidez, velocidad, acelerar el time-to-market, ser ágiles, correr y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/reloj.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1622" style="border: 1px solid black; margin: 6px;" title="reloj" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/reloj.jpg" alt="reloj" width="242" height="163" /></a>A una persona como yo, que se dedica a la <strong>innovación</strong>, le cuesta mucho asimilar las ventajas de andar más despacio.</p>
<p>Lo entiendo a nivel <strong>personal</strong>, pero me costaría recetarlo a las <strong>empresas</strong>.</p>
<p>Los que nos dedicamos a esto andamos siempre por ahí repitiendo palabros como <strong>rapidez, velocidad, acelerar el time-to-market, ser ágiles, correr y más correr.</strong></p>
<p>A más “líquida” va la sociedad, más de prisa sugerimos que anden las empresas. Literatura de esto abunda en nuestros libreros, y nos parece todo muy natural.</p>
<p>Esto me recuerda una frase estupenda que escuchó decir un amigo a un taxista: “<strong><em>cuando me falta tiempo, duermo más de prisa</em></strong>”, y así andamos todos.</p>
<p>En esa búsqueda encontré el libro <strong>“</strong><a href="http://www.casadellibro.com/libro-elogio-de-la-lentitud-un-movimiento-mundial-desafia-el-culto-a-l-a-velocidad/2900001029540"><strong>Elogio a la lentitud</strong></a><strong>”,</strong> de <strong><a href="http://www.elmundo.es/encuentros/invitados/2008/10/3288/">Carl Honore</a> </strong>(RBA Libros), que explica los fundamentos del llamado “<strong><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_slow">Movimiento Slow</a></strong>”, según el cual <strong><em>la lentitud no tiene que ver con la ineficacia sino con el equilibrio</em></strong>: actuar con rapidez cuando tiene sentido hacerlo, pero ser lentos si es lo que resulta más conveniente.</p>
<p>La obra de <strong>Carl Honore</strong> habla precisamente de esto, y es un libro que recomiendo. De hecho, a mí me parece que el <strong>Movimiento Slow</strong> es casi un <em>hermano gemelo</em> (y complementario) de la <strong>Teoría del Decrecimiento</strong> que comenté en <a href="http://www.amaliorey.com/2009/11/26/decrecimiento-post-118/"><strong>mi post anterior</strong></a>.<span id="more-1620"></span></p>
<p>La obsesión por el crecimiento te lleva a andar siempre de prisa. En cambio, si te planteas otros objetivos distintos al consumo, o al tamaño por el tamaño, entonces sí que es posible ralentizar el ritmo.</p>
<p><strong>Carl Honore</strong> invita a ralentizar el paso en muchos ámbitos donde resulta más conveniente hacerlo, incluyendo el trabajo, la comida, las ciudades, el sexo, la medicina y el ocio, entre otros. Propone saborear más la vida, huir del agobio, recuperar nuestro tiempo, desacelerar el ciclo de vida y en definitiva, poner freno a lo que Honoré llama el “<strong><em>Turbo-capitalismo</em></strong>”.</p>
<p><a href="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/elogio-de-la-lentitud.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1623" style="border: 1px solid black; margin: 6px;" title="elogio-de-la-lentitud" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/elogio-de-la-lentitud-198x300.jpg" alt="elogio-de-la-lentitud" width="198" height="300" /></a>Otra vez enlaza con los postulados de la <strong>Teoría del Decrecimiento</strong> que reclama una “<em>reconquista del tiempo personal, de un tiempo cualitativo</em>”, y lo explica así:</p>
<p>“<em>El Decrecimiento propone ralentizar para vivir más en sintonía con nuestros ritmos naturales, recuperar el gusto por caminar e ir en bicicleta, el contacto y el intercambio con otras personas, con la naturaleza, la relación humana del mercado de productores y el placer de la cocina basada en productos de temporada</em>”</p>
<p><strong>¿Y si innováramos para andar más lentos?</strong></p>
<p>Ahora en el mundo de la empresa 2.0 hablamos de <strong>“innovación continua”</strong> y de <strong>“Beta perpetuo”</strong>. Esto significa: ¡¡no pares nunca de innovar!! Se acabó el paradigma de la “gestión de versiones”, que te permitía <em>pegarte</em> un cierto descanso entre una versión y otra, mientras la empresa amortizaba con ventas los costes de desarrollo.</p>
<p>Entonces yo me pregunto: <strong>¿cuándo paramos? ¿cuándo descansamos?</strong> Porque, pensándolo bien, la innovación continua puede generar tensión tanto en el que la produce (la empresa) como en el que la consume (los clientes).</p>
<p><strong>No sé por qué intuyo que este modelo de innovación crónica tiene que tener algún efecto perverso. No me creo que sea tan bueno</strong>. <strong>Todo esto genera una entropía, un estrés innovador, que es contraproducente.</strong></p>
<p>¿Los productos nunca se estabilizan? ¿Tenemos que estar cambiándolos constantemente y volviendo a re-aprender? ¿Qué necesidad hay de eso?</p>
<p>El <strong><a href="http://es.wiktionary.org/wiki/entrop%C3%ADa">Wikcionario</a></strong> define “<strong>entropía</strong>” de un modo que acierta de pleno en lo que quiero decir: 1) magnitud que identifica cantidad de desorden en un sistema, 2) magnitud que mide la cantidad de energía que se pierde, 3) medida de la cantidad de “ruido” presente en una señal, 4) tendencia de los sistemas al caos y al desorden con el paso del tiempo.</p>
<p>Esta prisa por vivir y por dejar atrás un evento (producto) tras otro sin disfrutar lo suficiente de lo conseguido es lo que me desconcierta del presente. <strong>Me apasiona la innovación, pero con una cadencia más humana.</strong> Nos estamos dejando llevar por el mercado, y no sé si hay otro camino posible.</p>
<p>Estas dudas quiero resumirlas con esta paradoja planteada por el libro “<a href="http://www.casadellibro.com/libros/ridoux-nicolas/ridoux32nicolas"><strong>Menos es más</strong></a>”, de <strong>Nicolás Ridoux,</strong> que me parece fantástica y seguro que nos hace pensar:</p>
<p>“<em>Desde hace varios siglos, la esperanza de vida aumenta regularmente. <strong>Tenemos pues una vida objetivamente más larga</strong>, pero vamos tan apresurados que ¡ni siquiera nos damos cuenta! Corremos el riesgo de acabar <strong>percibiendo nuestra vida como subjetivamente más corta</strong> que la de nuestros antepasados</em>”.</p>
<p>Descárgate el <strong><span style="text-decoration: underline;"><a href="http://www.emotools.com/static/upload/files/decrecimiento_.pdf">artículo completo en PDF</a></span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Para leer más:</span></strong></p>
<p><strong><a href="http://www.elpais.com/articulo/opinion/vida/frugal/elpepuopi/20090321elpepiopi_12/Tes">Nicolas Ridoux: Por una vida más frugal (El País)</a></strong><strong></strong></p>
<p><strong><a href="http://nuke.chabieraas.com/Portals/0/pdf/lentitud.pdf">Elogio de la lentitud (Extracto del libro de Carl Honore)</a></strong><strong></strong></p>
<p><strong><a href="http://www.elpais.com/articulo/portada/triunfo/lentitud/elpeputec/20061105elpepspor_7/Tes">El triunfo de la lentitud (Karelia Vazquez, El País)</a></strong><strong></strong></p>
<p><strong><a href="http://www.elmundo.es/elmundolibro/2004/11/22/no_ficcion/1101149470.html">Practique la pereza para recuperar el sentido de la vida</a></strong><strong></strong></p>
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		<title>Decrecimiento (post-118)</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Nov 2009 00:27:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amalio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Concebir la opción de decrecer en vez del “cada-vez-más”, y de aminorar la marcha en lugar del “cada-vez-más rápido” se antoja un desafío complicado para los que nos dedicamos a la innovación. ¿Cuándo paramos? ¿Cuándo descansamos? Estas cuestiones se responden por las tesis de la Filosofía del Decrecimiento y del Movimiento Slow que comento en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/Menos-es-mas_portada-del-libro.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1614" style="border: 1px solid black; margin: 6px;" title="Menos es mas_portada del libro" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/Menos-es-mas_portada-del-libro-197x300.jpg" alt="Menos es mas_portada del libro" width="197" height="300" /></a>Concebir la opción de <strong>decrecer</strong> en vez del “<em>cada-vez-más</em>”, y de <strong>aminorar la marcha </strong>en lugar del “<em>cada-vez-más rápido</em>” se antoja un desafío complicado para los que nos dedicamos a la innovación.</p>
<p>¿Cuándo paramos? ¿Cuándo descansamos? Estas cuestiones se responden por las tesis de la <strong>Filosofía del Decrecimiento</strong> y del <strong>Movimiento Slow </strong>que comento en un artículo que escribí hace poco para <strong>emotools</strong> titulado “<strong><a href="http://www.emotools.com/static/upload/files/decrecimiento_.pdf">Decrecimiento y lentitud</a></strong>”.</p>
<p>Se me ocurrió hablar sobre esto después de leer “<a href="http://www.casadellibro.com/libros/ridoux-nicolas/ridoux32nicolas"><strong>Menos es más</strong></a>”, el título de la versión castellana del libro de <strong>Nicolás Ridoux</strong> sobre la <strong>filosofía del “decrecimiento</strong>”, que critica la desmesura del “<em>cada-vez-más</em>”, e invita al lector a convertirse en “<em>objetor del crecimiento</em>”.</p>
<p>Por añadidura, las críticas que he ido leyendo hacia la <strong>obsesión por el crecimiento</strong> me han llevado a un territorio contiguo, a descubrir y a reflexionar sobre temas conexos como el del <strong>culto a la velocidad</strong>, un tema que voy a tratar en el <strong>siguiente post</strong>.</p>
<p>Mientras escribo me doy cuenta que tengo más preguntas que respuestas, porque incorporar conceptos como <strong>“lentitud”</strong> o <strong>“decrecimiento”</strong> en la lógica del innovador (y más el primero que el segundo) se antoja un desafío complicado, pero que intuyo vale la pena, como mínimo para entrenar el espíritu crítico. En este post voy a centrarme en la llamada “<strong>Teoría del Decrecimiento</strong>”, y en el siguiente hablaré del “<strong>Movimiento Slow</strong>”.</p>
<p><strong>El afán de crecimiento crónico en la empresa</strong></p>
<p>El mundo de la empresa ha elevado a categoría de dogma la necesidad del continuo crecimiento. La consigna ha sido siempre: “<em>tienes que crecer, si no creces es mal síntoma, estás perdido</em>”.<span id="more-1611"></span></p>
<p>Así es como tantas empresas, buscando el crecimiento perpetuo, terminan llegando a su tamaño de incompetencia o acelerando <em>un crecimiento rápido que esconde multitud de pecados</em>.</p>
<p>Me gusta mucho la distinción que hace <strong><a href="http://blog.consultorartesano.com/">Julen Iturbe</a></strong> cuando afirma que “<em>una organización que <strong>crece</strong> puede que no se <strong>desarrolle</strong>. No son verbos que quieran decir lo mismo. Crecer es <strong>cantidad</strong>, desarrollarse es <strong>calidad</strong></em>”.</p>
<p>Así que podemos concluir que una empresa puede “desarrollarse”, crecer en calidad, sin que para ello sea un requisito aumentar el número de empleados y/o su facturación.</p>
<p>A estas alturas parece una obviedad, pero no lo es, porque ahí seguimos viendo a las Escuelas de Negocio, y a los analistas del mercado, <em>dando la lata</em> con el imperativo de crecer y criticando a los <strong>modelos de emprendimiento que optan genuinamente por mantener un <em>tamaño mínimo viable</em> </strong>que les permita conciliar calidad y personalización del servicio con una gestión más humana de sus relaciones.</p>
<p><strong>Modelos alternativos: redes de personas</strong></p>
<p><a href="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/Menos-es-mas_vinneta-2.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1615" style="border: 1px solid black; margin: 6px;" title="Menos es mas_vinneta 2" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/Menos-es-mas_vinneta-2-269x300.jpg" alt="Menos es mas_vinneta 2" width="269" height="300" /></a>En el mundo de la consultoría, la alternativa a las grandes marcas (las “Big Five”) es cada vez más evidente. Ya tratamos el tema en nuestro monográfico anterior de <strong>emotools</strong> dedicado a “<strong><a href="http://www.emotools.com/conocimiento/a-fondo/reinventando-la-consultoria/">reinventar la consultoría</a></strong>”. Empezamos a ver cada vez más iniciativas que apuestan por modelos de servicios basados en redes y con estructuras ligeras.</p>
<p>En nuestro grupo de “<strong><a href="http://blog.consultorartesano.com/2009/08/declaracion-de-consultoria-artesana.html">consultores artesanos</a></strong>” venimos discutiendo esta cuestión desde hace algún tiempo, con la idea de repensar modelos que eviten la <strong>vocación de crecimiento indefinido</strong> que tanto daño ha hecho en este sector.</p>
<p>Se trata de evitar lo que me gusta llamar <strong>“<em>la trampa industrial”</em>,</strong> una especie de bucle o  círculo vicioso que sigue este ciclo: 1º) Quieres ser más grande (per se), 2º) Buscas más facturación, 3º) Aumentas los costes de estructura para satisfacer esa demanda creciente, 4º) Necesitas facturar más para cubrir esos costes adicionales, 5º) Renuncias a elegir proyectos y clientes por el estrés de facturación (“todo me vale, a todo digo que sí”), 6º) “<em>Paquetizas</em>” para vender más de lo mismo y así aumentar margen, 7º) Más “<em>productos</em>” estandarizados y menos soluciones a medida.</p>
<p>Ese camino conduce al <em>volumen por el volumen</em>, abandonando cualquier esfuerzo por construir una identidad fuerte, y perdiendo todo el control sobre el tipo de organización que realmente se quiere ser.</p>
<p>La alternativa que propongo es, sin castigar la flexibilidad, ni aumentar en exceso los costes de estructura, <strong>crecer hasta un <em>tamaño <span style="text-decoration: underline;">mínimo</span> eficiente</em> (lo más pequeño posible) que dote a la organización de un “núcleo” clave de conocimientos</strong>, y a partir de ahí aumentar la capacidad de asumir proyectos más complejos con la ayuda de redes externas de profesionales, con las que se mantenga una relación de confianza y a largo plazo.</p>
<p><strong>Crecimiento y PIB</strong></p>
<p><strong>Llevemos ahora este análisis micro a escala país.</strong> Dejemos la empresa, y vamos a pensar en el crecimiento como política a nivel macro.</p>
<p>Lo primero que hay que decir es que la obsesión por el crecimiento ha terminado colonizando las formas de hacer gobierno, gracias al creciente dominio de la Economía sobre la Política.</p>
<p><strong>Esto ha conducido al <em>pensamiento único</em> de mirar al Producto Interior Bruto (PIB) como indicador definitivo de prosperidad de un territorio. Bajo esa premisa, si el PIB no crece se interpreta como una tragedia social.</strong></p>
<p>Todo se mide por el PIB, que resulta de la suma de “todos” los bienes y servicios producidos por un país durante un año. Pero ya sabemos que “<em>elementos de una riqueza incontestable, como el voluntariado, el trabajo doméstico, la transmisión de conocimientos o el nacimiento de un ser humano</em>”, no están incluidos en el PIB.</p>
<p>Todo el mundo cita el caso de <strong>Bután</strong>, país que desde 1972 mide su “salud” como nación mediante el BNB: “<strong><a href="http://wwwi.taringa.net/posts/info/1006091/Qu%C3%A9-es-el-BNB-.html">Bienestar Nacional Bruto</a></strong>”, y rechaza tomar al PIB como referencia para valorar su desarrollo. Se trata, obviamente, de un caso muy peculiar, no extrapolable a las sociedades de occidente, pero sí un referente que invita a buscar métodos más holísticos, menos economicistas, para calibrar el progreso humano.</p>
<p><strong>¿Qué plantea, entonces, la <em>Teoría del Decrecimiento</em>?</strong></p>
<p><a href="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/Menos-es-mas_vinneta-1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1616" style="border: 1px solid black; margin: 6px;" title="Menos es mas_vinneta 1" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/Menos-es-mas_vinneta-1-264x300.jpg" alt="Menos es mas_vinneta 1" width="264" height="300" /></a>Lo primero que habría que aclarar es que el “<strong>Decrecimiento</strong>” no significa crecimiento negativo, ni una recesión o depresión, sino “<strong><em>desacostumbrarnos a nuestra adicción al crecimiento</em></strong><em>, descolonizar nuestro imaginario de esa ideología productivista que está desconectada del progreso humano y social</em>”.</p>
<p align="center"><strong>La situación que estamos viviendo ahora no es de una sociedad de “decrecimiento”, sino en “recesión”, porque la primera implicaría una apuesta voluntaria por renunciar a parte del consumo, mientras que la segunda es un resultado impuesto como un “mal necesario”.</strong></p>
<p>Estamos hablando, en definitiva, de un cambio de paradigma que pasa a nivel individual por <strong>practicar una “<em><span style="text-decoration: underline;">sencillez voluntaria</span></em></strong>”, y que también se puede trasladar a las empresas en forma de una mayor “<strong><em><span style="text-decoration: underline;">sobriedad</span></em><span style="text-decoration: underline;"> empresarial</span>”.</strong></p>
<p>Voy a resumir las ideas expuestas en el libro de <strong>Nicolás Ridoux </strong>y que permiten comprender algunos de los fundamentos de la llamada “Teoría del Decrecimiento”:</p>
<ul>
<li>“<em>La <strong>sencillez voluntaria</strong> consiste en una reducción importante, voluntaria, de nuestro consumo</em>” = Algo que, como se ve, va en dirección contraria a las recetas que se nos <em>venden</em> para salir de la crisis, o las medidas que se están tomando para que la gente compre más coches, y más de todo, con el fin de reactivar el consumo, y con ello las ventas.</li>
<li>Tenemos que criticar la desmesura, y <strong>ese mal hábito de “<em>negar la finitud</em>”</strong> de los recursos con que contamos a base de recetar nuevas soluciones tecnológicas, en lugar de poner freno al consumo compulsivo.</li>
<li>Este modelo defiende la búsqueda del “Ser” más que del “tener”, de “<em>menos bienes pero más vínculos</em>”, de <strong>un estilo de vida más frugal</strong> <strong>que se tome en serio los valores humanistas.</strong> Todo ello se puede resumir en la idea de: “<em>trabajar menos para vivir mejor</em>”.</li>
<li>La “<em>objeción al crecimiento</em>” reconoce la <strong>necesidad de compartir</strong> como solución a la generación de más puestos de trabajo, y critica la “<em>loca competencia de todos contra todos</em>” en la que estamos inmersos.</li>
<li>Propone <strong>producir menos, pero de otra forma y mejor</strong>, cambiando cantidad por calidad, y denuncia que las empresas están demasiado al servicio de la eficacia pura, sin cuestionarse el sentido de esa eficacia, produciendo cualquier cosa mientras sea rentable: “<em>el sentido de lo que hacen no les preocupa</em>”.</li>
</ul>
<p>Sin duda que toda esta reflexión es muy oportuna en tiempos de crisis como el que estamos viviendo.<strong> Nicolás Ridoux</strong> recuerda que, en momentos como estos, <strong>el crecimiento puede no ser la solución sino el problema, si se asume como dogma, como pensamiento único.</strong> <strong> </strong></p>
<p>A propósito de la crisis,<strong> Jordi Roca Jusmet</strong>, en su interesante artículo “<strong><a href="http://revistaeconomiacritica.org/sites/default/files/revistas/n7/7_ante_la_crisis_Ante_la_crisis.pdf">Ante la crisis: ¿viva el crecimiento económico?</a></strong>”, opina de forma parecida: “<em>Por lo que se refiere a las respuestas a la crisis, la peor reacción a mi entender es la de olvidarse de las críticas al actual modelo económico –en cuanto a su sostenibilidad y sus pobres resultados sociales- y, en aras de un supuesto pragmatismo, dar prioridad al estímulo económico a cualquier precio</em>” (léase estímulos a la reactivación del consumo)</p>
<p>Descárgate el <strong><span style="text-decoration: underline;"><a href="http://www.emotools.com/static/upload/files/decrecimiento_.pdf">artículo completo en PDF</a></span></strong></p>
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		<title>Jugando a los hipócritas (Post-47)</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Dec 2008 12:31:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amalio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Nos han enseñado a ser tan políticamente correctos, que nos hinchamos de mentir. Como resultado de ello ahora lo normal, en toda manifestación pública, es ser educadamente hipócritas, y así nos va&#8230; El título de este post tiene que ver con una reflexión mañanera que me ha llevado a la triste conclusión de que estamos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="size-medium wp-image-363 alignleft" style="border: 1px solid black; margin: 6px;" title="transparencia-escalera-sobre-espejo" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2008/12/transparencia-escalera-sobre-espejo-197x300.jpg" alt="transparencia-escalera-sobre-espejo" width="197" height="300" />Nos han enseñado a ser tan políticamente correctos, que nos <em>hinchamos</em> de mentir.</strong></p>
<p>Como resultado de ello ahora <em>lo normal</em>, en toda manifestación pública, es ser educadamente hipócritas, y así nos va&#8230;</p>
<p>El título de este post tiene que ver con una reflexión mañanera que me ha llevado a la triste conclusión de que <strong>estamos participando en un juego&#8230; en un juego de hipócritas. </strong>¿Por qué lo digo?</p>
<p>Pues porque se produce un <em>toma-y-daca</em> bastante dañino que intentaré explicaros.</p>
<p>Las intervenciones públicas son tan políticamente correctas, tan formales, bonitas e insípidas, que entonces <strong>nos han acostumbrado a aburrirnos</strong>, o en el mejor de los casos, a intentar con lupa &#8220;<em>leer entre líneas</em>&#8221; para ver si dicen algo <em>sabroso</em> en medio de tanta jerga previsible.<span id="more-345"></span></p>
<p>Pues bien, nos hemos acostumbrado a que todo sea así, de modo que <strong>cuando alguien se atreve a ser sincero, y decir realmente lo que piensa, entonces&#8230;</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #0000ff;"><em>&#8230;salta la liebre</em>, y somos ¡¡nosotros mismos!! los que nos escandalizamos, y movemos ficha en este juego aportando nuestra propia dosis de hipocresía.</span></strong></p>
<p>Imagínate, por un momento, la situación siguiente: el político de turno o la persona pública, que siempre dice &#8220;<em>lo correcto</em>&#8220;, &#8220;<em>lo previsible</em>&#8221; o lo que &#8220;<em>conviene reconocer en antena</em>&#8220;, se atreve por primera vez con valentía a decir la verdad, lo que realmente piensa, a riesgo de que moleste a ciertas personas.</p>
<p>Entonces&#8230; <strong>qué pena, el contenido nos suena sospechosamente raro</strong>, a nosotros que ya estamos <em>domesticados</em> en el lenguaje plano.</p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #0000ff;"><strong>Nos resulta demasiado honesto, así que escribimos decenas de artículos y diatribas en contra de esa persona tan <em>irresponsable</em>.</strong></span></p>
<p>De ese modo <strong>ponemos nuestro <em>granito de arena</em> para alimentar el escándalo </strong>que hará, de nuevo, que ese político se lo piense mejor la próxima vez, y <strong>vuelva al <em>rebaño</em> </strong>para seguir jugando al discursillo engañoso e insípido (&#8220;<em>para qué me voy a buscar más líos</em>&#8220;, dirá con razón).</p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #0000ff;"><strong>¿Cuál es la moraleja de todo esto? Pues que los personajes públicos NO van a cambiar si nosotros no cambiamos primero.<br />
</strong></span></p>
<p>O dicho de otro modo<strong>, es injusto que reclamemos tener políticos honestos, si nos escandalizamos cuando lo son.</strong> Esta contradicción obedece, desde mi punto de vista, a cierto resabio que arrastramos de nuestra educación, que avala el doble discurso intra-extramuros.</p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #0000ff;"><strong>Ya nuestros padres nos decían que fuéramos prudentes, y no tan ingenuos de decir lo que pensábamos.</strong></span></p>
<p>Tendríamos que ser más coherentes a la hora de juzgar lo que declara públicamente un político, un directivo o una persona conocida. Algo más de empatía nos vendría bien, y no seguir aplicando ese <em>filtro hipócrita</em>.</p>
<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-364" title="honestidad-en-los-blog" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2008/12/honestidad-en-los-blog-300x170.jpg" alt="honestidad-en-los-blog" width="354" height="201" /></p>
<p>Por cierto, <strong>me he estado quejando de lo que aburren estos discursos prefabricados, pero <span style="text-decoration: underline;">lo peor no es eso</span>.</strong></p>
<p>Qué lástima que no podamos medir, con datos e indicadores, los costes que acarrea en todos los órdenes tanto discurso preparado y poco sentido. De todos modos, <strong>intentaré identificar algunos costes de tal actitud</strong>, en un ejercicio viciado por el economista que habita en mí.</p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #0000ff;"><strong>Los costes de ser hipócritamente correctos son, en principio, de tres tipos: 1) Por lentitud o retraso, 2) por especulaciones de pasillo, 3) por imagen.</strong></span></p>
<ol>
<li>Una partida importante sería la de <strong>&#8220;<em>costes por lentitud o retraso</em>&#8220;,</strong> pues necesitamos mucho más tiempo del razonable para enterarnos de lo que realmente se quería, o se pretendía, detrás de unas bonitas palabras.</li>
<li>Otra partida elevada sería la de <strong>&#8220;<em>costes por</em> <em>especulaciones de pasillo</em>&#8220;, </strong>dado que la falta de transparencia es el mejor caldo de cultivo para que la gente conspire y consuma recursos en debates estériles.</li>
<li>Por último, los <strong>&#8220;<em>costes de imagen</em>&#8220;</strong> (azafatas, vestuario, publicidad, eventos, etc.) derivados de la necesidad de aparentar cosas y convencer de algo que no se dice claro, ni se aprecia por el contenido.</li>
</ol>
<p><img class="alignright size-medium wp-image-365" style="border: 1px solid black; margin: 6px;" title="por-que-mentir" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2008/12/por-que-mentir-251x300.jpg" alt="por-que-mentir" width="251" height="300" />Hay muchos ejemplos de este &#8220;juego de hipócritas&#8221;. <strong></strong></p>
<p><strong>Desde la Reina cuando se atreve (o no&#8230;) a revelar al gran público sus ideas conservadoras y estalla el escándalo</strong>, al político que reta a la maquinaria partidaria para hacer valer su voz propia, o al directivo de una gran empresa que no se esconde, y confiesa con honestidad (aunque no nos guste) qué piensa hacer en la gestión de las personas, con despidos incluidos.</p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #0000ff;"><strong>No quiero que en esta sociedad terminemos hablando como los futbolistas de primera división, que nunca <em>se mojan</em> y practican el lenguaje más neutral e insípido que he escuchado en mi vida.</strong></span></p>
<p>Los futbolistas, como los políticos y los altos directivos, tienen mucho que perder. Unos, dinero, y otros, poder. Pero actúan así porque saben que <strong>la gente, en el fondo, está muy poco preparada para escuchar un discurso sincero, por mucho que digamos que sí.</strong></p>
<p>Desde este foro declaro que <strong>intentaré estar en guardia para no participar en ese <em>juego</em></strong>, y que cada vez conozco a más personas que creen en un modo más libre de decir las cosas.</p>
<p>La solución a este dilema entronca con otro post que he escrito en el blog, y que invita a <a href="http://www.amaliorey.com/2008/09/04/recuperar-la-inocencia-post-17/"><strong>recuperar la inocencia</strong></a>.</p>
<p><strong>La inocencia por definición no es hipócrita, ni calculadora, ni cínica.</strong> Es un sentimiento fresco y espontáneo que haría muy bien para practicar un lenguaje más directo y sincero.</p>
<p>Créeme, hacer lo contrario <strong>no es bueno, ni hace bien a la salud.</strong></p>
<p><strong>NOTA</strong>:  Si quieres guardar una copia, <a href="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2008/12/47-jugando-a-los-hipocritas.pdf"><strong>descarga este post en PDF</strong></a></p>
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