No siempre el empeoramiento de la crisis genera más activismo ciudadano. A los más ricos les sobra tiempo para conspirar activamente en política, porque ya tienen la despensa llena para varias estaciones. Mientras que a los que peor lo llevan, apenas les alcanza el día para salvar lo poco que tienen. El coste del activismo se antoja hoy muy alto para los que el trabajo es su único sustento de vida.









