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	<title> &#187; vodafone</title>
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		<title>No extraño a mi Magic (post-120)</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Dec 2009 07:04:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amalio</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/htc-magic-vodafone-uk.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1641" style="border: 1px solid black; margin: 6px;" title="htc-magic-vodafone-uk" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/htc-magic-vodafone-uk-300x300.jpg" alt="htc-magic-vodafone-uk" width="256" height="256" /></a>El domingo pasado, ya son 9 días, perdí mi versátil <strong>HTC Google Magic</strong>, el smart-phone que adquirí hace unos meses para poder estar conectado todo el tiempo a Google, leer mis correos en tiempo real y para todas esas virguerías que se pueden hacer con esos <strong>aparatillos <em>diabólicos</em></strong>.</p>
<p><strong><em>Me entró el ataque</em></strong> cuando empecé a buscarlo, y no aparecía por ninguna parte. Llegaba a casa de un largo viaje y ya el martes salía de nuevo, esta vez a Galicia, así que empecé a sentir stress por lo que parecía una desconexión forzada, un castigo divino que me aislaría un tiempo del fascinante “<em>always on</em>”.</p>
<p>Intenté sacar una copia de mi tarjeta en <strong>Vodafone</strong>, pero se aliaron todos los elementos para que eso no fuera posible: “<em>el servidor está fallando, no es posible hacer una copia</em>”. Después fui a otra tienda que tenía el rótulo de “Vodafone” pero, franquicia al fin, resulta que no hacía ese trámite para empresas. Tampoco había sumado puntos suficientes para que me dieran otro.</p>
<p>Mientras, me iba haciendo a la idea de que mi entrañable <strong>Magic</strong> se había ido para siempre, no recibía noticias de ella/él, pobre compañero/a en manos ajenas o tirado/a en una cuneta.</p>
<p><strong>El mismo martes admití el dolor de la pérdida</strong>, y tuve que echar mano de un <strong>viejo móvil</strong> de Ana María, mi chica, un Nokia <em>del año de la pera</em> que lo único que sabe hacer es recibir y hacer llamadas, y enviar sms. Como no tenía copia de mi tarjeta, y tenía que bloquear el teléfono perdido, decidimos gestionar un desvío de llamada.</p>
<p>Hoy hace más de una semana que prescindí a la fuerza del Magic. Qué penita, por dios. Una semana que no reviso los tweets en mi móvil, que no twitteo desde el teléfono, que no leo los feeds <em>on the road</em>, ni entro en Internet en mis granulados “<em>tiempos muertos</em>”, como ya se había hecho costumbre en mi vida. <strong>Ahora solo estoy en modo digital cuando trabajo con el portátil.</strong></p>
<p><strong>¿Y qué ha pasado desde entonces?</strong> ¿me he perdido algo importante? ¿siento síndrome de abstinencia? ¿me ha entra’o el mono por ver cómo mi generosa pantallita me devuelve en tiempo real palmaditas de <em>egosurfing</em>?</p>
<p><strong>¡¡Pues no, nada de eso!!</strong> Siento más bien todo lo contrario. Ha vuelto la paz, estoy unos cuantos centímetros más sereno. ¿Y por qué? A ver, intentaré contaros las ventajas (que veo ahora) de este viejo y humilde Nokia vs. mi chulísimo y todopoderoso Google Magic:<span id="more-1639"></span></p>
<ol>
<li><strong>La batería, qué maravilla, me he quita’o de encima la tiranía del cargador</strong>, porque esos Smartphone son unos sprinters gastones de coj… y resulta que mi sucedáneo es un auténtico corredor de maratón.</li>
<li>Cuando me traslado en taxi o me llevan a algún sitio, voy mirando el paisaje, la vida que hay allí afuera, o me dedico a charlar con el taxista, <strong>en lugar de estar embebido en la jodida pantallita</strong>, como venía haciendo con el Magic. Era subirse al taxi, y engancharme al aparatillo, menudo hábito más insano. ¿Y cuando estoy solo, comiendo en un restaurante, en unos de mis viajes?, pues me pasó en Galicia, y disfruté observando a la gente, al vaivén de camareros o a ese señor tan raro de la mesa de al frente que se dedicaba a recortar su periódico con el esmero de un detective. Con mi Magic, me hubiera puesto a leer e-mails, y seguro que la digestión habría sido menos amable.</li>
<li>Si estoy conversando, estoy conversando. Si estoy tomándome una birra, pues eso, una birra. Ningún tecno-chasquido me avisa que alguien me busca para que le lea. “<strong>Una sola cosa a la vez</strong>”, como bien aconseja la sabiduría budista.</li>
<li>Los correos los reviso todos juntos, cuando mi cuerpo y mi mente están listos para eso, y no cada 20 minutos. Incluso <strong>abro mi correo en el portátil más ilusionado</strong>, porque la probabilidad de que toque una sorpresa agradable es mayor. Leo por grandes lotes, así que las buenas noticias atenúan los chillidos de las malas.<a href="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/mobile-widespread.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1642" style="border: 1px solid black; margin: 6px;" title="mobile-widespread" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/11/mobile-widespread-300x225.jpg" alt="mobile-widespread" width="260" height="195" /></a></li>
<li><strong>Se acabó la dispersión del egosurfing</strong>, un <em>deporte</em> que si le dejas, puede gastarte las precarias baterías de los smart-phone en cuestión de unas pocas horas, y también achicharrarte las entendederas. Ahora dejo que las estadísticas sigan su curso, y si hablan de mi, de mis posts o mis tweets, vale… ya me enteraré pero…cuando toque.</li>
<li><strong>Tengo la sensación de que me llaman menos</strong>, y a mí nunca me ha gusta’o demasiado el teléfono (se me nota, no??). Me siento liberado. Encima he dejado que Ana María elija el sonido de aviso de las llamadas entrantes (entre las muy pocas opciones que ofrecía el digno “viejito”) y la que eligió está bastante mejor, más auténtica y sé que me aburrirá menos.</li>
<li><strong>No twitteo en tiempo real porque no estoy “always on”.</strong> ¿pero qué necesidad tengo de eso? me pregunto ahora que no puedo. Lo que veo interesante me lo guardo para mí, lo saboreo y condimento de emociones íntimas. Si me apetece contarlo, porque pienso que vale la pena o simplemente porque me da por ahí… entonces será algo tan bueno (y que no olvidaré) que puede esperar hasta el próximo portátil que caiga en mis manos. De este modo consigo que <strong>mis tweets sean menos frecuentes pero mejoren en calidad</strong>. Y eso que yo no twitteo mucho, porque los hay por ahí que bien les vendría una estricta dieta de móviles para ahorrarnos tanto texto insensato.</li>
</ol>
<p>En definitiva, me he dado cuenta que <strong>no lo paso tan mal con este salto cuántico a la época de las cavernas</strong>. Pero OJO, esto es para mí, tiene que ver con mi escala de valores y con mis vivencias personales. Posiblemente también con mi edad. No lo sé. Pero sí que me gustaría insistir en esto: <strong>Haz la prueba, intenta una “<em>dieta de aparatillos diabólicos</em>” a ver qué sientes.</strong></p>
<p>Lo curioso es que me veo metido dentro de un fenómeno circular, en el que todo cuadra, pieza a pieza, porque casi sin darme cuenta, me descubro escribiendo últimamente varios posts que tienen que ver con la conveniencia de <strong>atenuar o gestionar mejor esta frenética vida digital en la que estamos metidos. </strong>¿Cuántas horas al día nos pasamos frente a una pantalla? ¿Eso es normal, de verdad que no hace daño?<strong> </strong></p>
<p>Comencé hablando de la <strong><a href="../../../../../2009/08/08/vacaciones-y-sobre-exposicion-digital-post-95/">sobre-exposición digital en vacaciones</a></strong>, para <a href="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/12/2485042083_7b898f8d2d.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1658" style="border: 1px solid black; margin: 6px;" title="2485042083_7b898f8d2d" src="http://www.amaliorey.com/wp-content/uploads/2009/12/2485042083_7b898f8d2d-300x225.jpg" alt="2485042083_7b898f8d2d" width="223" height="167" /></a>quejarme de cómo estos aparatillos merecen un protagonismo inmerecido incluso en períodos de descanso.</p>
<p>Después hice un sentido “<strong><a href="../../../../../2009/08/24/elogio-a-la-desconexion-post-96/">elogio a la desconexión</a></strong>”,  porque me apetecía insistir en la necesidad del descanso y del modo OFF, recordando que la vida digital implica (en la mayoría de los casos) un coste de oportunidad en términos de vida analógica.</p>
<p>Recientemente he escrito sobre el “<strong><a href="../../../../../2009/11/26/decrecimiento-post-118/">decrecimiento</a></strong>” y la “<strong><a href="../../../../../2009/11/27/lentitud-post-119/">lentitud</a></strong>”, dos categorías que han tenido siempre una connotación peyorativa, pero que tenemos que revisar. Sus antónimos (crecimiento crónico y culto a la velocidad) tienen mucho en común, se refuerzan mutuamente, y <strong>los artilugios digitales como el móvil (mientras más inteligentes, peor) son el vehículo perfecto para el desenfreno.</strong></p>
<p>Sí, ya sé que el problema no está en las herramientas, sino en la actitud, y en nuestra capacidad de consumo responsable.</p>
<p>Mucho me temo que usuarios distinguidos e infomados como <a href="http://yoriento.com/2009/09/android-google-twitter-y-mi-htc-magic-600.html/"><strong>@Yoriento</strong></a> o <a href="http://suenosdelarazon.com/2009/09/01/android-o-google-en-el-bolsillo/"><strong>@Sueñosdelarazon</strong></a> me van a tirar de las orejas por decir todo esto de la Magic, y probablemente no estén de acuerdo conmigo, pero resulta que al final es muy poca gente la que sabe poner en su lugar a estos fríos cacharritos. Lo de siempre, <strong>“pos’ya que” tenemos esto que permite hacer tantas cosas, pues hagámoslas… </strong></p>
<p>Todo esto me recuerda a la famosa <strong>“Ley de la Rana”.</strong> Supongo que la conocéis. Si metes una rana en una palangana hirviendo, salta como una loca, reacciona. Pero si lo haces en agua tibia, y vas elevando poco a poco la temperatura, <strong>termina achicharrándose sin enterarse, la pobre. </strong>Pasa también con la obesidad, nos vamos dejando, porque los kilos suben por gramos, y poco a poco. Si aumentaras de golpe 10 Kg, irías corriendo al médico a pedir soluciones, harías algo.</p>
<p>Eso me temo, que la promesa de socialización digital con que nos venden estas tecnologías nos esté robando <strong>poco a poco</strong> muchos instantes mágicos y relaciones humanas de más calidad. Menos “amigos” (en realidad, “conocidos”), menos conexiones pero más auténticas, las que se producen en torno a un café, mirando a los ojos o compartiendo una estufa. Y mientras… el móvil apagado, “always OFF”.</p>
<p>P<strong>or cierto, “<em>donde estará mi carro</em>”… perdón, mi HTC Magic</strong>. Pues no lo sé, y poco me importa. Quien la tenga, que la disfrute porque yo (por ahora) no la extraño para nada.</p>
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