POST Nº 750 Supón que alguien te señala algo de tu comportamiento que le molestó. Puede ser un gesto arrogante o una falta de empatía que creíste disimular. No levanta la voz ni busca herirte, pero lo pasas mal. Aunque prefieras achacarlo a la...
Escribo para comprender
POST Nº 750 Supón que alguien te señala algo de tu comportamiento que le molestó. Puede ser un gesto arrogante o una falta de empatía que creíste disimular. No levanta la voz ni busca herirte, pero lo pasas mal. Aunque prefieras achacarlo a la...
Un espacio para abrir melones sin prisa en un mundo adicto a los atajos
Vivimos en un momento en el que resulta habitual despreciar el formato de charla o conferencia. Parece que escuchar con atención tiene poco valor, y eso nos ha llevado al extremo contrario: el del «tallerismo» sin ton ni son.
Confundimos el anhelo de justicia con la fantasía de un mundo perfecto. Mientras tanto, la realidad nos recuerda que el amor puede llegar tarde, que el esfuerzo no siempre se reconoce y que la impunidad circula con una soltura irritante.
Cuando dejamos de aprender, algo en nosotros se apaga. El asombro se convierte en fastidio. Lo nuevo deja de intrigar. Cambiar de opinión se vuelve una pequeña tragedia íntima. La apertura mental se marchita bajo el peso de nuestras certezas. Y por ahí se filtra el mal humor.
Cada encuentro humano puede ocultar un tesoro. Pero para hallarlo, primero hay que suspender el juicio. Etiquetar a alguien como «poco interesante» antes de conocerlo es un error.
La mente cocina con palabras, que son los ingredientes. Cuantos más y mejores ingredientes tenga, más sutiles y sabrosos serán los platos que puede preparar. Si mi caja de herramientas es muy limitada, me costará construir ideas realmente interesantes.
El nuevo libro tiene un formato ágil, práctico y breve. Es una colección de artículos breves o microensayos que pueden leerse en cualquier orden. Todos giran alrededor del bienestar, el sentido de la vida, la ética y la filosofía práctica. Consulta aquí el INDICE y más…
A menudo se asume que la IA seguirá los mismos patrones de empleo que la revolución industrial o digital, obviando que su potencia, versatilidad y alcance son muy distintos. Nos sirve, mientras tanto, de anestesia para subestimar los riesgos. Y la Paradoja de Jevons es un argumento habitual para tranquilizarnos.
A menudo lo que realmente anhelamos no es el objetivo en sí, sino la dopamina que nos da perseguirlo. El deseo se alimenta de la distancia y la idealización, y cuando estas desaparecen, el deseo también lo hace.
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