Cascarrabias

POST Nº 742
Este es un extracto del libro VIDAS QUE IMPORTAN: Cómo habitar con intención un mundo adicto a los atajos (Almuzara, 2026)
Se suele pensar que, a medida que envejecemos, necesitamos aprender menos, como si llegara un momento en que ya vimos y entendimos lo suficiente, y estuviéramos «completos». No es así.
Cuando dejamos de aprender, algo en nosotros se apaga. El asombro se convierte en fastidio. Lo nuevo deja de intrigar. Cambiar de opinión se vuelve una pequeña tragedia íntima. La apertura mental se marchita bajo el peso de nuestras certezas. Y por ahí se filtra el mal humor.
Así nace el cascarrabias: alguien que vive a la defensiva, incómodo ante lo distinto. Le irrita todo: el murmullo de la calle, los jóvenes, las modas, las nuevas formas de hablar, los ritmos distintos. Reacciona al cambio con enojo, como si fuera un ataque personal. Habla para corregir, no para comprender.
En el fondo, ese mal genio es miedo. Miedo a perder el control de un mundo que ya no entiende.
Quien mantiene viva la curiosidad no se espanta ante lo diferente: lo examina, lo huele, lo pone a dialogar con lo que sabe. No se burla, indaga. Los niños preguntan; los cascarrabias gruñen. Un niño ve algo extraño y dice: «¿Qué es eso? ¿Por qué pasa?». Un adulto curioso hace lo mismo. El cascarrabias, en cambio, sentencia: «Qué tontería».
Aprender es una actitud: cómo hablamos, cómo escuchamos, cómo nos abrimos a lo inesperado. Es aceptar que podemos equivocarnos, que la vida se mueve más rápido que nuestras certezas. Es un acto de humildad.
Aprender también limpia. Oxigena. Evita que las arterias por donde circulan las ideas se endurezcan. Es higiene emocional. Y por eso, pocas frases anuncian un declive más claro que un «ya nada me sorprende». Lo que se apaga ahí no es solo una mirada, sino todo un ecosistema de vínculos.
La vejez vital no llega solo por decreto biológico, sino también por rigidez social. Uno empieza a volverse cascarrabias —para sí mismo y para los demás— el día en que deja de aprender.
No dejes que te ocurra…
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Rafael Moreno Hernandez
Gracias Amalio, tengo 77 años y estoy pasando una mala racha de salud y me he vuelto un poco cascarrabias, prometo corregirme….