POST Nº 751 Hay gestos mínimos que alivian el peso del día, y la «regla de los cinco minutos» es uno de ellos. Funciona de manera sencilla: ¡si una tarea puede resolverse en menos de cinco minutos, hazla de inmediato! No importa si parece...
Escribo para comprender
POST Nº 751 Hay gestos mínimos que alivian el peso del día, y la «regla de los cinco minutos» es uno de ellos. Funciona de manera sencilla: ¡si una tarea puede resolverse en menos de cinco minutos, hazla de inmediato! No importa si parece...
Las críticas que apuntan bien duelen más. Las verdades hacen más mella porque desarman el relato al que se acude para evadir el problema. No podemos negarlas sin mentirnos a nosotros mismos.
Un espacio para abrir melones sin prisa en un mundo adicto a los atajos
La tensión entre ambas leyes es clara: Parkinson nos empuja a comprimir, Hofstadter a expandir. Parkinson sugiere acortar los plazos para evitar dilaciones, mientras Hofstadter recomienda añadir un margen adicional, por si acaso.
Vivimos en un momento en el que resulta habitual despreciar el formato de charla o conferencia. Parece que escuchar con atención tiene poco valor, y eso nos ha llevado al extremo contrario: el del «tallerismo» sin ton ni son.
¿Y si la suerte no fuera un instante, sino un hilo que se despliega a lo largo del tiempo? ¿Y si no supiéramos hasta mucho después si un hecho fue bueno o malo, cuando la historia completa tome forma?
Confundimos el anhelo de justicia con la fantasía de un mundo perfecto. Mientras tanto, la realidad nos recuerda que el amor puede llegar tarde, que el esfuerzo no siempre se reconoce y que la impunidad circula con una soltura irritante.
La «fatiga por decisión» no se combate con más fuerza de voluntad, sino «precargando» elecciones, lo que permite pensar una vez para ejecutar muchas.
POST Nº 743 Todos sabemos que vamos a morir. A diferencia de otros seres vivos, los humanos somos los únicos...
Cuando dejamos de aprender, algo en nosotros se apaga. El asombro se convierte en fastidio. Lo nuevo deja de intrigar. Cambiar de opinión se vuelve una pequeña tragedia íntima. La apertura mental se marchita bajo el peso de nuestras certezas. Y por ahí se filtra el mal humor.
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