La suerte no tiene prisa

POST Nº 746
Este es un extracto del libro VIDAS QUE IMPORTAN: Cómo habitar con intención un mundo adicto a los atajos (Almuzara, 2026)
Nos gusta pensar en la suerte como una chispa repentina: ganar la lotería, escapar por segundos de un accidente, conseguir un buen trabajo por casualidad. Pero esa mirada es estrecha.
¿Y si la suerte no fuera un instante, sino un hilo que se despliega a lo largo del tiempo? ¿Y si no supiéramos hasta mucho después si un hecho fue bueno o malo, cuando la historia completa tome forma?
Un cuento taoísta ilustra esto con precisión. Un campesino pierde su caballo y los vecinos exclaman: «¡Qué mala suerte!». Él responde: «Quizás». Días después, el caballo regresa acompañado de otros caballos salvajes. «¡Qué buena suerte!», celebran. «Quizás», contesta. Su hijo, al intentar montar uno de los animales, se rompe la pierna. «¡Qué desgracia!». «Quizás». Poco después, el ejército recluta jóvenes, pero no se lleva a su hijo por estar herido.
El mensaje es claro: la suerte no se mide en el instante, sino en retrospectiva. Lo que hoy parece desastre puede ser la grieta por donde se filtra algo valioso. Lo que celebramos como fortuna puede transformarse en carga. Una ruptura, una enfermedad, un despido… pueden ser resquicios por los que entre la luz.
Aceptar que la suerte se revela con el tiempo nos libera de la urgencia de etiquetar todo como «bueno» o «malo». Nos da margen para esperar y observar qué lugar ocupa cada hecho en nuestra historia.
A mi amiga Susana la despidieron y sintió pánico: deudas, miedo, vacío. Empezó a escribir, primero por necesidad, luego por pasión. Hoy vive de eso. Recuerda aquel trabajo y comprende que, en realidad, la estaba consumiendo.
Algo parecido le ocurrió a Nicolás. Tras una ruptura, creía haber perdido a la mujer de su vida. Dos años después conoció a alguien con quien descubrió una forma de amar más libre y serena. Lo que parecía un final fue, en realidad, un comienzo de algo mejor.
Pero la suerte puede jugar en sentido inverso. María Luisa consiguió un puesto soñado en Estados Unidos gracias a un encuentro casual en un congreso. «¡Qué suerte!», pensó ella y su familia. El primer año fue espléndido, hasta que un accidente truncó su vida en esa ciudad. Lo que parecía fortuna fue un desvío hacia un final trágico.
Y a veces la paradoja se esconde en lo cotidiano. Imagina que un atasco en Madrid te hace perder el tren para ir a una reunión decisiva. Maldices tu mala suerte. Esa misma tarde, casi por inercia, entras a una librería para matar el tiempo. Allí te reencuentras con un exvecino que te recomienda para otro trabajo, que termina siendo por fin tu lugar en el mundo. Ese tren perdido era, en realidad, el que no debías tomar.
Por eso, suelo decirles a mis amigos que el único momento en que se puede juzgar con certeza si algo fue suerte o no, es en el lecho de muerte, cuando toda la red de causas y efectos queda al descubierto. Si la vida es un relato, el final es el que da sentido a los capítulos anteriores.
Repensar la suerte no altera lo sucedido, pero sí transforma nuestra relación con ello, permitiéndonos relativizar y respirar con más espacio. Etiquetar de inmediato equivale a quedarse con un solo fotograma de la película. Dar tiempo a que los eventos encuentren su lugar nos abre a la historia completa. Una decepción puede ser una redención encubierta. Algo que nos duele puede empujarnos hacia algo mejor. La suerte no tiene prisa en dar su veredicto, porque nada sucede de manera aislada.
NOTA: La imagen pertenece al álbum de Broesis en Pixabay.com. Si te ha gustado el post, puedes suscribirte para recibir en tu buzón las siguientes entradas de este blog. Para eso solo tienes que introducir tu dirección de correo electrónico en el recuadro de «suscríbete a este blog” que aparece en la homepage. También puedes seguirme en la red social Bluesky o visitar mi otro blog: Blog de Inteligencia Colectiva. Asimismo, aquí tienes más información sobre mi último libro: «VIDAS QUE IMPORTAN: Cómo habitar con intención un mundo adicto a los atajos» y en este enlace ¿Dónde adquirirlo?