También se aprende mucho en una buena conferencia

POST Nº 747
Hoy leí un artículo con este titular: «Una conferencia no es una actividad para aprender». No citaré al autor, muy competente en su campo, para no personalizar el debate; pero discrepo de esa afirmación.
Me puse a repasar las últimas conferencias a las que asistí. No los cafés de los descansos ni las conversaciones de pasillo, que casi siempre merecen la pena, sino lo que ocurrió mientras escuchaba a los ponentes: ¿hubo alguna idea que no conocía? ¿entendí mejor algo que ya sabía? ¿cambió mi opinión sobre algún tema? La respuesta es sí. Entonces aprendí.
Aprender es cambiar lo que sabes, entiendes o haces gracias a la práctica, el estudio o la reflexión. Una persona aprende cuando entra en contacto con una información o experiencia nueva que modifica algo en su mente o en su conducta.
Estoy de acuerdo en que, siempre que sea posible, los formatos de aprendizaje deberían implicar al aprendiz en actividades dinámicas e interactivas. Sin embargo, afirmar que «solo se aprende practicando» es incorrecto. Reducir el aprendizaje a la práctica deja fuera muchas cosas que también forman parte de él.
Escuchar y leer son actividades incorrectamente etiquetadas como pasivas. Todo depende de cómo se aborden y de la actitud del aprendiz. Una buena conferencia no tiene por qué limitarse a la simple «distribución de información». También puede abrir puertas al descubrimiento, iluminar zonas ciegas, proporcionar marcos útiles para interpretar la realidad o provocar esas intuiciones que reordenan de golpe lo que uno creía saber. Y si eso no es aprendizaje, apaga y vámonos.
Lo tengo claro: hay personas brillantes —y sabias— que, en una lección magistral bien hilvanada, son capaces de transmitir más aprendizajes esenciales que decenas de talleres donde se practican habilidades operativas y secundarias.
Y creo que mi resistencia al titular del artículo viene de que no distingue entre dos tipos de aprendizaje; una confusión que, por cierto, es casi un signo de la época. Hay un aprendizaje operativo, que exige práctica: tocar el piano, programar, negociar, escribir mejor, hablar un idioma o resolver problemas matemáticos. Ahí escuchar y leer no bastan, porque la competencia depende de ejecutar, corregir, ajustar y automatizar. Pero hay otro, el conceptual o interpretativo, donde una idea puede producir una transformación inmediata: una distinción nueva, un modelo mental o una categoría que antes se desconocía. En ese caso, escuchar o leer no son solo una preparación para aprender; son ya el medio mismo del aprendizaje.
Es verdad que incluso en ese aprendizaje más troncal hay grados. Una idea puede entrar de golpe, pero luego necesita vida, contraste y experiencia para volverse más profunda. Primero la entiendes, después la reconoces en situaciones reales y luego la usas para pensar o actuar. Esto impulsa el círculo virtuoso, pero no significa que lo anterior no haya sido aprendizaje, ni que sea menos valioso.
Vivimos en un momento en el que resulta habitual despreciar el formato de charla o conferencia. Parece que escuchar con atención tiene poco valor, y eso nos ha llevado al extremo contrario: el del «tallerismo» sin ton ni son. A estar continuamente haciendo cosas, aunque falte un marco conceptual que les dé sentido. Y no pasa nada por escuchar primero, dedicar tiempo a pensar y dejar la práctica para después.
Por cierto, esas conferencias no tienen que ser presenciales. Pueden ser un vídeo o cualquiera de las charlas que se publican en Internet. He aprendido más en algunas de ellas que en muchos talleres supuestamente diseñados para maximizar el aprendizaje. Porque no todo lo relevante consiste en aprender a hacer. También aprendemos a ver, a interpretar, a nombrar y a comprender. Y para eso, a veces, basta con escuchar atentamente a alguien que tiene algo importante que decirnos.
NOTA: La imagen pertenece al álbum de Geralt en Pixabay.com. Si te ha gustado el post, puedes suscribirte para recibir en tu buzón las siguientes entradas de este blog. Para eso solo tienes que introducir tu dirección de correo electrónico en el recuadro de «suscríbete a este blog” que aparece en la homepage. También puedes seguirme en la red social Bluesky o visitar mi otro blog: Blog de Inteligencia Colectiva. Asimismo, aquí tienes más información sobre mi último libro: «VIDAS QUE IMPORTAN: Cómo habitar con intención un mundo adicto a los atajos» y en este enlace ¿Dónde adquirirlo?