El espejo roto

POST Nº 733
Hay algo irónicamente hipnótico en quienes dominan el arte de orientar a los demás, pero son incapaces de aplicar sus propias recetas, como si una fuerza invisible se lo impidiera.
Theodore, el protagonista de Her, escribe cartas de amor por encargo. Empatiza con sus clientes y siempre encuentra las palabras exactas para conmover a sus parejas. Sus textos son tan emotivos que parecen escritos por alguien enamorado. Sin embargo, su vida sentimental es un desierto: sabe escribir sobre amar, pero no sabe hacerlo. En casa del herrero, cuchillo de palo.
Todos conocemos a personas que no cumplen en su vida personal lo que alegremente aconsejan. Incluso nosotros mismos podemos ser una de ellas: el médico que recomienda dormir bien, pero responde mensajes a las tres de la mañana; la psicóloga que enseña a poner límites, pero acepta trabajos extra para no quedar mal; el profesor de literatura que pide leer con calma, pero solo hojea resúmenes; la consultora de productividad que predica el equilibrio y vive colapsada de correos y reuniones.
Estas contradicciones también se ven en la vida pública. Carlos III, rey del Reino Unido, promueve sostenibilidad, agricultura orgánica y conservación, pero sus prácticas personales contradicen parte de su discurso: mantiene enormes propiedades energéticamente costosas, ha frenado proyectos renovables por razones estéticas y viaja con frecuencia en avión privado o helicóptero. Sus vacaciones en pistas de esquí tampoco ayudan a reducir su huella de carbono.
Pablo Iglesias, el político español, es otro ejemplo de esta disonancia entre discurso ideológico y vida personal. Durante años criticó a la clase política por vivir en chalets y alejarse del pueblo, mientras se presentaba como un ciudadano de barrio. Luego se mudó con su pareja a un lujoso chalet en Galapagar. Él mismo reconoció haber aprendido de esa incoherencia, aunque tampoco logró escapar de ella. Tan es así que, más tarde, tras defender con vehemencia la educación pública, inscribió a sus hijos en un colegio privado de élite, con un coste mensual elevado en una exclusiva urbanización de Madrid.
La ironía no es exclusiva del amor ni de las figuras públicas. Está también en los talleres que anuncian: «Reparamos todos sus aparatos. Por favor, golpear con fuerza, el timbre no funciona». El dueño puede arreglar cualquier máquina, menos la suya. Pasa lo mismo con los asesores que enseñan a emprender sin haber emprendido, o los gurús de gestión con calendarios personales que son un caos.
Dar consejos es fácil; aplicarlos, no tanto. Es más sencillo mirar desde afuera que actuar desde adentro. La teoría es impecable, la práctica, no. Muchos profesionales no perciben que, en los servicios que ofrecen, también son sus propios clientes. Deberían aplicarse sus consejos con la misma paciencia que exigen a los demás.
Quizás el verdadero talento no está en dominar un saber, sino en dejar que ese saber nos transforme. No basta con entender las reglas del juego: hay que jugarlas en lo que importa, cuando no hay espectadores ni aplausos. Y la incoherencia también nos humaniza. Nos recuerda que nadie es la suma perfecta de sus principios. Es en ese espejo incómodo —la brecha entre lo que decimos y lo que hacemos— donde se esconden las oportunidades de acercarnos a una mayor armonía.
¿Por qué ocurre esta disonancia? Detectar un problema en otro solo requiere intelecto; resolverlo en uno mismo exige coraje y disciplina. Corregirse implica mirar de frente lo que molesta. El verdadero reto está en reconocer la paradoja, aceptarla y desafiarla. A veces, como los psicólogos que acuden a terapia, la coherencia empieza cuando uno pide ayuda.
NOTA: La imagen es del album de johnhain en Pixabay.com. Si te ha gustado el post, puedes suscribirte para recibir en tu buzón las siguientes entradas de este blog. Para eso solo tienes que introducir tu dirección de correo electrónico en el recuadro de «suscríbete a este blog” que aparece en la homepage. También puedes seguirme en la red social Bluesky o visitar mi otro blog: Blog de Inteligencia Colectiva. Asimismo, aquí tienes más información sobre mi último libro.