A ver quién nos cuenta qué… (post-225)

Esta sociedad del espectáculo genera buenas dosis de vendeburrismo. Ya sabes a qué me refiero, a esa gente que vive del cuento, del haz lo que digo pero no lo que hago.
Así que cada vez miro más con lupa los hechos que acompañan como la sombra a una persona: ¿Y éste quién es? ¿Qué ha hecho? ¿Qué opinan de él/ella esos compañeros que le conocen bien? ¿Qué hace además de dar ponencias o escribir artículos?
En estos días leía un post de @cumclavis en el que hablaba del «Origen de la desconfianza«. Le comentaba que la credibilidad se funda en hechos, y no en palabras bonitas.
O sea: No me digas que me quieres, si me tratas mal. No me digas que soy muy importante para ti, si apenas te acuerdas de que existo. No me digas que me valoras como trabajador, si me pagas mal e injustamente, o me mandas al paro solo porque bajaron tus beneficios. No me creo tu emotiva proclama de amor hacia los clientes, si el servicio que les ofreces es de puta pena. Deja de dar arengas y lecciones a los emprendedores, si nunca lo has sido, ni lo serás.
En fin, los hechos, la rotunda fuerza de los hechos frente a la fragilidad de la palabra, que se la lleva el viento.
En esos eventos a los que asisto con cierta frecuencia me suelo encontrar a ponentes que no comunican bien, que no tienen arte para hacer una buena presentación, pero que van a contar un proyecto potente, que tienen una obra real que enseñar, o que hablan de una empresa que ellos mismos han creado generando decenas o cientos de puestos de trabajo. Les pongo mucha atención porque sé que detrás de esa historia hay un modelo de pensamiento contrastado, llevado a la realidad. Son personas que hablan desde los hechos, y eso me merece un montón de respeto. No importa que comuniquen mal, porque entonces soy yo el que debe esforzarse por entenderles y extraer lo mejor de su experiencia.
Por esa misma razón, me sorprenden esos funcionarios de la administración o los políticos de turno que recriminan a los jóvenes por su escasa voluntad emprendedora. Los escuchas, y dan ganas de preguntarles: “Oiga, ¿y usted cuándo va a crear su empresa? o ¿qué riesgos toma usted haciendo política?”
Así que aprendamos a mirar profundo, más allá de lo que dice una persona que va por ahí dando consejos desde la poltrona del poder o a cambio de elevados honorarios. Solo le pido que predique con el ejemplo. Es una trayectoria honesta de éxitos y fracasos contada desde la experiencia lo que a mí me vale, y me inspira. Y yo creo que es esa la única fuente de confianza realmente sana, la que se basa en los hechos.
Oye, que contamos cosas de las que a veces dudamos, pues vale, eso es humano. Todos dudamos de algunas cosas que nos parecen correctas, pero entonces conviene hacerlo con humildad, o advirtiendo que uno tiene incertidumbres que están por resolver. No puedes ir por ahí repartiendo lecciones si resulta que nunca te has jugado el pellejo en probar si son ciertas.
QQ
Hola Amalio, el post es un buen reminder.
Esto es un clásico eh! Me ha recordado esta frasecilla: http://www.flickr.com/photos/qqpics/4992505224/in/set-72157624112728713
Un saludo
Amalio
Pues si, Goethe era muy listo y sabía lo que decía. Charlatanes los han habido en todas las épocas..
Gracias, Enrique, un saludo
Juanra Doral
Muy bueno, Amalio. Cierto que existe mucho charlatán. Algunos buenos oradores, pero vacíos. Otros malos oradores, pero interesantes. Y otros (los peores pero habituales) malos oradores y más huecos que un globo. Me encantó la frase: » No importa que comuniquen mal, porque entonces soy yo el que debe esforzarse por entenderles y extraer lo mejor de su experiencia.» Eso es tomar las riendas y no esperar que nos lo den masticado.
Amalio
Hola, Juanra:
Gracias, compañero, por pasarte por aquí. Siempre es un placer.
Pues eso, yo prefiero mucho más a una persona interesante que comunica mal, que aun buen orador vacío. Éstos últimos tienen el problema añadido que tienes que aguantar a la gente que los celebre, sabiendo tú que no ha dicho nada realmente que valga la pena.
un abrazo 🙂