Esta es una preocupación que ha estado presente, con toda justicia, en la mayoría de los talleres que he impartido sobre innovación 2.0.
La gente comparte el temor legítimo de que tanta insistencia en la participación y en la inteligencia colectiva puedan degenerar en un cierto populismo o igualitarismo que penalice la calidad.
Es una sospecha que tiene mucho fundamento si se hacen las cosas mal. No por gusto muchos libros centran su cuestionamiento a “lo 2.0″ en esa misma dirección.
Una de las obras más citadas, por la agudeza de las críticas, es The cult of the amateur” de Andrew Keen, que recomiendo leer porque aunque dice algunas tonterías, pone en aprietos a más de un Ombliguista 2.0 y obliga a construir buenos argumentos para explicar las bondades de la llamada Inteligencia colectiva.
Para zanjar las dudas que sugiere el título de este post, lo primero que digo es que la innovación 2.0 no apuesta por el igualitarismo, sino por la igualdad de oportunidades.
La inteligencia colectiva no significa que todas las opiniones tengan siempre el mismo valor, el mismo peso, sino que todos los individuos que forman una comunidad tengan las mismas oportunidades de partida para expresarse y ser escuchados; para que sea la comunidad con arreglo a la calidad de esas ideas, quien filtre de modo colectivo y transparente las mejores, y ponga a cada uno en el lugar que merece.
Si hay una idea que he tenido que repetir muchas veces es la siguiente: Los filtros son necesarios y siempre existirán. Unas opiniones tendrán más resonancia que otras y llegarán más lejos.
Nadie duda de la necesidad de filtros para decantar las ideas. De hecho, mientras más participación, más filtros necesitamos, pero una cosa es que el filtrado se haga “a dedo”, por expertos con super-poderes y en reuniones privadas, y otra muy distinta que emerja de una autorregulación colectiva que se base en la transparencia y en criterios meritocráticos.
Los modelos participativos para que funcionen necesitan de mecanismos transparentes de autorregulación, consensuados en comunidad, que establezcan reglas de juego claras y sobre todo, sistemas de reputación que potencien la opinión de aquellos que aportan las mejores ideas asumiendo la participación con responsabilidad, y atenúen la voz de los que no contribuyen a construir comunidad.
Lo que quiero decir es que los filtros genuinamente colectivos y transparentes, basados en la Meritocracia, tienen ¡¡por supuesto!! muchos fallos… pero serán siempre más justos y efectivos, que los modelos elitistas y “a puertas cerradas” con que históricamente se ha pretendido canalizar el talento.
Otros enlaces sobre críticas a la Web 2.0:
Nicholas Carr: The amorality of Web 2.0.
Planeta Web 2.0. Inteligencia colectiva o medios fast food
Web 2.0. ¿Inteligencia colectiva o medios fast food?”
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Tags: amateurismo, autorregulacion, criticas, importancia de los expertos, innovación 2.0, innovacion participativa, inteligencia colectiva, mediocridad, meritocracia, populismo, web 2.0, web social
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Estimado Amalio
Estoy contigo cuando afirmas que la web participativa no apuesta por el igualitarismo sino por la igualdad de oportunidades, cosas muy diferentes y con distintas implicaciones.
Fundamental es, como dices, que para que dicho sistema de autorregulación funcione correctamente siga unos principios de transparencia muy escrupulosos, además de fomentar la participación consensuada y la continua capacitación de los participantes como en un proceso cíclico que se retroalimenta, por un lado aportando igualdad de acceso y, por otro, fomentando la creación colectiva del conocimiento.
Ahora bien, me surgen dudas respecto a la funcionalidad e infabilidad de los sitemas meritocráticos de adjudicación de audiencias, por llamarlo de alguna forma, o los sistemas de reputación, como tu los denominas.
¿Acaso éstos no se pueden llegar a ver mediatizados por los intereses implicitos de cada campo en concreto? ¿ No es el mérito una categoría cultural, socialmente construida, más que una variable neutral y objetiva?.
Un saludoMore from author
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Hola! Se me ocurre que el problema que comenta Sergio en los sistemas de autoregulación colectiva puede estar asociado a su tamaño: la necesidad de trabajar con grandes grupos de personas. Es la ley de los grandes números la que elimina los sesgos individualistas.
De hecho si estos filtros meritocráticos son el resultado de propiedades emergentes en sistemas complejos, como he leido varias veces, tales sistemas necesitan de un tamaño mínimo para comportarse como tal.
Desde aquí podríamos lanzar hipótesis contrastables sobre la evolución de sistemas de autoregulación relacionadas con el tamaño de las empresas y colectivos. Por ejemplo comprobar cómo varia la funcionalidad desde las fases iniciales de las iniciativas hasta alcanzar una posible masa crítica crítica en nuevas acciones 2.0
¿Qué pensáis?
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Muy interesante. Supongo porque a menudo me pregunto a mi mismo por mis capacidades y descubro cierta mediocridad bastante generalista. Y por otro lado porque las veces que he trabajado con personas especializadas en un sector con ganas de aprender y escuchar voces diferentes las experiencias han sido muy ricas, positivas y generadoras de buenos productos. Compro desde el titulo a la fotografia pasando por el contenido. Mil gracias
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La inteligencia colectiva no significa que todas las opiniones tengan siempre el mismo valor, el mismo peso, sino que todos los individuos que forman una comunidad tengan las mismas oportunidades de partida para expresarse y ser escuchados;
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