Aprender a pensar, escribir, hablar y… a aprender (post-491)

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Humanidades carrerasTodo el mundo habla de aprendizaje basado en habilidades profesionales. El mensaje a los estudiantes es que se centren en “aprender cosas prácticas”, o sea, habilidades que demande el mercado laboral. El corolario de todo esto es que los universitarios deben centrarse en herramientas que les sirvan para conseguir buenos empleos, o dicho al revés, una exploración abierta del conocimiento es algo superfluo que no sirve para nada.

Relacionado con esto, leía un artículo en El País que venía a decir esto: “Ha calado la idea de que quien se decanta por una carrera de Humanidades no encuentra empleo”, pero el entrevistado (que no era, afortunadamente, el exministro José Ignacio Wert) recomendaba con buen criterio que “aquellos que sientan pasión por una materia sigan su instinto” porque “si la decisión sobre la carrera que se va a estudiar se toma teniendo en cuenta solo el factor de la empleabilidad, se puede acertar o no” porque esto es algo impredecible, y lo demostraba con el ejemplo de la Arquitectura, que “hace diez años todos pensaban que era una carrera cuya inserción laboral era inmediata y resulta que llegó el desplome del ladrillo”.

Pues bien, aquí estoy escribiendo un post para seguir dando la lata con las ventajas de estudiar humanidades; lo que viene motivado por un libro de Fareed Zakaria que me encontré en mayo del año pasado en una librería de Berkeley: “In defense of a liberal education” y que voy a comentar aquí. Me interesa mucho el tema así que me devoré el libro en el vuelo de regreso a España, a pesar de que a partir del 4to capítulo se va por los cerros de Úbeda tratando temas que tienen menos que ver con el título. Hay otros dos libros, más trabajados, de Martha Nussbaum: “El cultivo de la humanidad: una defensa clásica de la reforma en la educación liberal” (1997) y “Sin fines de lucro: Por qué la democracia necesita de las humanidades” (2010), que profundizan mucho en el tema proponiendo algunas premisas de lo que sería la “nueva” educación liberal.

Salvando las distancias, he escrito bastante en este blog sobre la importancia de las humanidades en la educación universitaria, tanto empresarial como general. Si te interesa, puedes echarle un vistazo a “Elogio a la útil inutilidad”, “Por qué necesitamos más Humanidades en la formación empresarial” y otros artículos sobre el asunto.

Para entendernos, la llamada “Educación liberal” abarca, en su sentido amplio, las humanidades, las ciencias sociales, las matemáticas, las ciencias naturales y las artes. Es un término muy estadounidense, que en España se usa poco o casi nada a la hora de referirse a la formación universitaria. Si concretamos más, estaríamos hablando de disciplinas como la sociología, literatura, lingüística, filosofía, historia, ciencias políticas, psicología, matemática o antropología, entre otras. Una forma de definirlas es pensar en aquellas disciplinas que persiguen el conocimiento por sí mismo. No hay propósito utilitario, ni una recompensa económica. Lo que les mueve es la búsqueda de la verdad y del conocimiento.

El debate entre los que entienden la educación liberal en términos instrumentales y los que la ven como un fin en sí misma, sigue más vibrante que nunca. Sin embargo, se trata de dos posturas que no son excluyentes porque la buena Educación Liberal combina ventajas prácticas con existenciales o de valor filosófico. Por otra parte, las ingenierías no son mejores, ni más importantes, que la Historia del Arte. La sociedad necesita de las dos, y más aún si se combinan.  El propio Mark Zuckerberg reconoce que Facebook “es tanta psicología y sociología como tecnología”.

Se podrían esgrimir muchas ventajas de la llamada Educación Liberal, o de las carreras de Humanidades si así lo entiendes mejor. Pero yo me voy a centrar en cuatro que propone el libro de Zakaria, y que me parecen las más significativas:

  1. Aprender a pensar
  2. Aprender a escribir
  3. Aprender a hablar
  4. Aprender a aprender

Voy a desarrollar cada una de estas ventajas por separado:

APRENDER A PENSAR

En la universidad nos obligan a pensar sobre cómo pensamos. Es de los pocos sitios donde eso se hace de una forma tan intencionada y prolongada. No conozco otro lugar donde te obliguen a cuestionarte continuamente lo bien o mal que piensas. Y es en las carreras de humanidades donde más se insiste en desarrollar esta habilidad.  

Como la educación liberal intenta apartar al hombre de la inmediatez, es “una educación para la libertad, en particular, la libertad de la mente” (Allan Bloom). De hecho, el término “Liberal Education” fue usado, según el autor, por los romanos, en su sentido latín de “perteneciente a los hombres libres”.

Hay otro libro, muy recomendable, del que he hablado en otras ocasiones: “Excellent Sheep” de William Deresiewicz, que advierte que: “Cualquiera que te diga que el único propósito de la educación superior es la adquisición de conocimientos de interés para el mercado laboral está contribuyendo a reducirte a ser un empleado productivo en tu puesto de trabajo, a un consumidor ingenuo o crédulo en el mercado, y a un sujeto dócil ante el estado”. E insiste en la idea de que lo primero que deben hacer las universidades es enseñar a pensar, lo que significa “desarrollar el hábito del escepticismo y la capacidad de ponerlo en práctica, aprender a no dar las cosas por dadas y esforzarse en sacar tus propias conclusiones (…) El objetivo debe ser acostumbrarse a habitar en la incómoda e incierta pero fértil condición de la duda”.

Es interesante cómo Deresiewicz pone en entredicho que las grandes universidades “enseñen a pensar”, como dicen. Según él, esas escuelas sólo desarrollan habilidades retóricas y analíticas que son necesarias para triunfar en los negocios y las profesiones, pero no equipan de capacidades para abordar las grandes preguntas de la vida relacionadas con el sentido y el propósito. Se queja el ensayista norteamericano de que los estudiantes “se pasan 4 años tomando cursos que les preparan para responder a las pequeñas preguntas, pero no a las grandes y más importantes”.

Las Humanidades ayudan a “aprender a pensar”; pero en realidad, si lo analizamos bien, eso se consigue también aprendiendo a escribir, a hablar y a aprender.

APRENDER A ESCRIBIR

Zakaria reconoce que “aprender a pensar” es uno de los grandes beneficios de esta educación, pero cree que es aún más importante su contribución a “aprender a escribir”, a cultivar la habilidad de escribir lo que sentimos, porque en cualquier ámbito de la vida, la habilidad de saber escribir con claridad, y razonablemente rápido, es algo de gran valor.

Saber traducir lo que pensamos en palabras es una capacidad que cuesta desarrollar. Esto lo entiendo mejor desde que abrí este blog. Pero es que para escribir de forma clara tienes que saber pensar bien, y por eso estoy tan de acuerdo con el periodista Walter Lippmann cuando dice que: No sé bien lo que pienso de un tema hasta que no escribo sobre él”.

No importa si eres un político, un empresario, un abogado, un historiador o un novelista, escribir te obliga a elegir entre opciones y a introducir claridad y orden en tus ideas. Tan es así que Norman Agustine, CEO de Lockheed Martin, afirma que, según su experiencia, “una de las habilidades que correlaciona mejor con la mejora en la carrera profesional dentro del mundo de la gestión directiva es la capacidad individual de expresarse con claridad en los documentos escritos”.

APRENDER A HABLAR

El otro beneficio que aporta la Educación Liberal es que nos ayuda a “aprender a hablar”. Y no hace falta que recuerde (o sí) que, otra vez, hablar bien es una manifestación de una mente bien amueblada. En las disciplinas humanísticas esta es una habilidad que se fomenta de diversas maneras, y donde la capacidad de comunicarse bien es muy apreciada, a diferencia de lo que ocurre en muchas carreras técnicas.

APRENDER A APRENDER

Otros de los beneficios de la Educación Liberal es que nos enseña a “aprender a aprender”. Cuenta Zakaria que, gracias a sus estudios de Humanidades, aprendió a adquirir conocimientos por su cuenta, a leer ensayos con profundidad, a buscar datos, a aprobar o rechazar hipótesis, a buscar nuevas fuentes, y a detectar los prejuicios de un autor. También aprendió cómo leer un libro rápido y aun así quedarse con lo esencial. Aprendió a hacer preguntas, formular opiniones opuestas y tomar notas. En definitiva, aprendió a que “aprender es un placer, una gran aventura de exploración”.

EN RESUMEN…

Creo que vale la pena recordar que las habilidades más valiosas son las únicamente humanas, o sea, aquellas que las computadoras aún no pueden desarrollar. Los conocimientos específicos o especializados se vuelven obsoletos pronto (por ejemplo, la programación) pero las habilidades de escribir, hablar o aprender se quedan para siempre, y forjan el carácter de cualquier persona o profesional. O como dice Drew Faust, presidente de la Universidad de Harvard, la educación liberal aporta habilidades que ayudan a estar preparados “para conseguir hasta el sexto empleo, y no sólo el primero”.

Y ahora me pongo en el lugar del padre o madre al que un hijo les pide un consejo sobre qué carrera estudiar. Lo que yo tengo claro es que para aquellos cuya pasión es la Historia del Arte,  la Antropología u otras humanidades, y están dispuestos a tomárselo en serio, hay muchísimas oportunidades de trabajo esperándoles en el mundo real. Como leía el otro día, estas disciplinas exigen estudios intensivos en varias lenguas y culturas, vivir experiencias laborales en distintos países, una sensibilidad estética, y una habilidad para traducir de un medio o cultura a otra. Todas estas habilidades pueden ser útiles y valiosas para un gran número de profesiones del hoy mundo globalizado porque fuerzan a ver a las personas y las cosas desde una amplia variedad de perspectivas.

Edgar Bronfman, ex CEO de Seagram Company, lo tiene claro. Él recomienda a los estudiantes de las escuelas de negocio que realicen estudios de Humanidades porque éstas contribuyen a formar “individuos interesados e interesantes”. Y está claro que lo que nos hace más interesantes no es tener cuatro carreras, ni saber un montón de cosas prácticas; sino la lectura, la reflexión, vivir intensamente situaciones dispares, tener buenas conversaciones, y crearse una rica vida interior.

Nota: La imagen del post pertenece al album de Quinn Dombrowski en Flickr

 

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Amalio Rey

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3 Respuestas a Aprender a pensar, escribir, hablar y… a aprender (post-491)

  1. Julen 27/02/2016 09:52 #

    En busca de ese justo medio entre lo “auténtico” (¿podríamos llamarlo así?) y el valor de mercado. Ahora, claro, la batalla la está ganando el valor de mercado. Cuando hay crisis, cuando las necesidades tienen que ver con cosas de primer orden, el mercado gana la batalla. Cultívate, sí, pero primero algo de comer.

    Este que tratas me parece uno de los grandes asuntos. ¿Formamos personas o gente empleable? Ya, que ambos objetivos deben ir de la mano. Fácil de escribir no tanto de cumplir.

    Este viernes estuvimos en la uni escuchando a Carlos Magro. Su ponencia: Escenarios de futuro para la educación superior (recomendable 100%). Nos hizo una exposición con muchos recursos que todos parecen conducir a la incertidumbre. A que hay que educar para lo que no sabemos. No sé si es aprender a pensar. O quizá aprender a ser. Tema con gran carga de profundidad. Seguiremos escribiendo, como buena práctica de aprendizaje… 🙂

    • Amalio Rey 04/03/2016 19:15 #

      Claro que la batalla la está ganando el mercado, Julen. Está ganando todas las batallas, colega. Aprender a pensar ayuda mucho a aprender a ser. Podemos ser muchísimas mejores personas si pensamos mejor. Un abrazo 🙂

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