De ideas y nombres: ¿importa tanto la fuente? (post-105)

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rene-magritte-false-mirror_1Comentando el otro día un interesante post de Julen sobre la crítica, le decía esto: “otro vicio empobrecedor es celebrar cualquier gilipolléz que diga alguien con nombre, con reputación (incluso RT ideas simplonas solo porque la dijo fulano) y cebarse con las ideas (inteligentes) de gente sin marca. Ahí tenemos otro reto: aprender a separar las ideas de las personas”.

La respuesta de Julen fue: “@Amalio, de todas formas, la fuente recibe valor sobre la base de su reputación y esto ha pasado, pasa y pasará. No es útil en ciertos contextos, pero necesita precaución, desde luego”.

Este diálogo fugaz me sugirió escribir algo sobre la dichosa reputación y las marcas personales, que ya traté anteriormente en uno de mis posts favoritos sobre la “ética de la cita”, donde me quejaba de que “existe mucho marquismo en el mercado de las citas”.

Hoy quiero responder a esta pregunta: ¿Por qué hay que ponderar el valor de una idea con arreglo a la reputación de la fuente si es una idea que puedes juzgar por sí misma?

La palabra “reputación”, de por si, me genera inquietud. Tiene un tufillo a falso que me recuerda el adjetivo machista que se usaba para etiquetar a las mujeres de vida alegre. Bueno, ¿Y qué me dices de la “gestión de la reputación”? Yo mismo utilizo el término porque ha terminado calando en la jerga de Internet, pero lo hago en un sentido diferente al de “gestionar la imagen” o de “marketing personal” que se suele usar (y abusar).

El término es peligroso, y habría que explicarlo bien. Para mí solo tiene sentido en la medida que uno entienda que su “reputación” emana de la coherencia de sus actos, y entonces “gestionar la reputación” consista en ser coherente entre lo que piensas, haces y dices. Ahí me apunto, pero todo lo demás es marketing barato, del malo, del que se centra en promoción y olvida totalmente la calidad intrínseca del producto.

Venga, volvamos al tema central de este post: “La fuente recibe valor sobre la base de la reputación”, OK, pero… ¿y la idea? ¿Y la dimensión de valor de la idea misma? ¿Qué pasa con ella?

Para responder a la pregunta haré un paralelismo con las marcas y los productos, porque tienen (desgraciadamente) muchos puntos en común.

Una marca importa más como indicador de calidad en la medida que hay más asimetría de información para el cliente. Por ejemplo, en un producto alimenticio que viene enlatado, que no lo has visto nunca, ni nadie te lo ha recomendado, la marca te sirve de información añadida, importante, para fiarte de su calidad.

Pero si resulta que ese producto se puede palpar y probar, y no es una “caja negra”, entonces la marca se vuelve casi irrelevante (por lo menos para mí). Mi opinión del producto se forjará a partir de lo que yo mismo pueda evaluar de manosearlo, y juzgarlo con mis propios ojos. No niego que la marca influya, puede añadir un plus de confianza, pero si puedo juzgar el producto en sí mismo, su importancia es mucho menor.

Con las ideas pasa lo mismo. Todo depende de que mi experiencia y mi conocimiento me baste para comprender y juzgar una idea. Si las vivencias que he tenido y/o lo que he podido aprender sobre el tema me permiten hacerme una opinión sobre el valor de esa idea, ¿por qué tiene que influirme tanto la reputación de la fuente?

En ideas que son para mi “cajas negras”, sí que me fijo en el prestigio de la fuente (como en los productos), pero si entiendo el problema, solo me guío por mi percepción del mismo, y también, por opiniones que pueda leer de otros, que añaden otras perspectivas, pero intentando que los nombres no me influyan demasiado.

Dar tanta importancia a la fuente como indicador de credibilidad de la idea puede conducir a situaciones como éstas:

  1. Piensas una cosa pero resulta que una persona-con-marca (llamo así, con mala leche, a la gente “con reputación”) propone lo contrario, y entonces ya te entra la duda
  2. Lees una frasecita de sentido común, muy facilona, de una persona-con-mucha-marca, y entonces la RT y la destacas en neón porque “si-lo-dijo-él/ella” tiene mucho peso, y encima quedo como un tío que sabe a quién lee (aunque sea una gilipolléz de mucho cuidado lo que haya dicho)
  3. Una persona-sin-marca o de “mala” reputación (no es lo mismo, pero supongamos que sea así) dice algo inteligente, y entonces te resistes a creerlo y empiezas a buscarle la quinta pata al gato para encontrarle el fallo, y poder criticarlo porque esto de hacer leña del árbol caído le mola un montón a más de uno.
  4. No me atrevo a criticar lo que dice el tío/a con marca porque me voy a quedar solo, incluso aunque no me guste nada lo que ha dicho, y no coincida con él en absoluto.
  5. Me paso tres pueblos criticando al tío/a con marca porque lo que me apetece es llamar la atención y dejar constancia que “soy diferente”.

Todas estas situaciones, incluso la última (que va en dirección contraria a la tesis central del post), son hábitos que empobrecen la calidad de la crítica, y que deberíamos considerar.

Arbolito_reputacionHay otras situaciones donde el grado-de-conocimiento-real-que-tienes-sobre-la-persona (para no hablar de “reputación”) puede condicionar la credibilidad de lo que le escuchas porque sabes (¡¡sabes!!) que hay una incongruencia entre su DECIR y su HACER.

Es cierto que ahí la fuente afecta, pero OJO, procura conocerla bien, y no guiarte por opiniones de otros (conozco a algunos generadores de opinión o asignadores-de-reputación muy subjetivos e irresponsables). Ahí más que nunca importa tener criterio propio, aunque no coincida con el de la mayoría. Pero incluso en este caso, puedes intentar ser más objetivo pensando así: “vale, lo que dice éste no le pega, sé que no lo cumple, pero como idea es valiosa en sí misma y merece que piense en ella”.

Más en estos tiempos que la dichosa “reputación” se pretende construir a partir de dudosas señales virtuales, por lo que uno puede leer de alguien o peor aún, por lo que los medios dicen que es esa persona.

Ni los medios, ni Twitter, ni los blogs, son una expresión genuina de cómo es realmente, o lo que vale, una persona. Jamás negaría que sirven de “señales”, OK, pero no más que eso. Sin embargo, sí que puedo juzgar el valor de una idea con la mayor objetividad posible porque no necesito, en la mayoría de las veces, más información de la que yo mismo puedo buscarme.

Habría que intentar que el brillo (o la oscuridad) de la fuente no embelese (o distorsione) nuestro criterio propio. No digo que siempre lo consiga, ¡¡ni mucho menos!! Me descubro a veces dejándome llevar por la “calidad” de la fuente pero eso no significa que esté bien, ni que deba seguir haciéndolo. Es más, cada vez me pasa menos (serán los años…) porque me esfuerzo en adoptar la postura vital de separar ideas y nombres. Esto forma parte del camino hacia la madurez intelectual y humana.

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3 Other Comments

  1. Sergio’s avatar

    No se si he entendido tu exposicion de forma adecuada, pero me gustaria plantearte una situacion generada entorno a la figura y opinion vertidas por el a mi pseudo-periodista Antonio Burgos entorno a la figura de las hijas de Zapatero
    Me explico:
    Como imagino sabrás, han sido muchos los blogs que se han hecho eco de dichas declaraciones, blogs en los que he intentado defender mi opinión de forma plausible pero tan sosegada como me ha sido posible y me han permitido.
    En uno de ellos, el debate se torno en una guerra personal entre un sevillano (Antonio Burgos también lo es, o al menos, reside en esa ciudad) y yo, no solo por la evidente diferencia de pensamientos, sino por que esta persona uso mi procedencia, Málaga, como forma de ataque personal.
    Aburrido de ese tipo de ataques que atañen a tu ciudad, en lugar de a tus ideales, decidí crear una entrada en mi blog respondiendo a sus insultos punto por punto.
    El autor de este blog ha escrito en dicha entrada solicitando únicamente los créditos que entiende, le pertenecen.
    ¿Es a eso a lo que haces referencia?
    Personalmente, y así se lo he hecho saber, entiendo que una discusión personal que queda completamente al margen del blog de origen y de su autor, no requiere ningún tipo de referencia a la misma.
    Un saludo!

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  2. Álex García Garcíaq’s avatar

    Bonita reflexión.

    Desconocía la versión de Arbolito (en foto) del tema de George Brassens. Sí las de Loquillo y Paco Ibañez.

    No está de más saber la fuente de una idea pero siempre cogiéndola como si fuera papel de fumar. Siempre he pensado que las ideas, u otros conceptos, no tienen una única fuente o, mejor dicho, una fuente origen (ni siquiera las del investigador encerrado en su laboratorio). Es decir, puede que alguien nos la transmita pareciendo ser el origen y realmente no lo es.

    Vamos que una idea aparentemente nacida de alguien con reputación, proviene, aguas arriba, de fuentes sin reputación, lo más seguro. Por eso es una idea. Éstas no se pueden parir o crearse por generación espontánea. Fluyen.

    Un amigo mío, que parece un auténtico generador de ideas, dice que él tiene muchas ideas, pero que la mayoría son de su mujer.

    Separar ideas y personas, es difícil misión. Pero por lo menos analizarlo y saber que puede ayudar o distorsionar tu interpretación.

    Repito que no me parece mal saber por donde han fluido esas ideas pero lo realmente importante no es la FUENTE sino el DESTINATARIO próximo al que tú quieras transmitirla (con tus retoques, modificaciones, tus agrupaciones de ideas…). Ahí me fijo yo si la idea se puede encauzar bien o mal.

    ¿pueden tener las ideas reputación por si mismas?

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  3. Kiko Llaneras’s avatar

    Interesante reflexión.

    Para mi está claro: la reputación es útil cuando no puedes verificar el hecho.

    El problema es que a menudo la reputación vence a la realidad y se propagan ideas que son falsas, sencillamente porque lo dicen voces reputadas; solo una minoría verifica los hechos y está minoría no tiene altavoz.

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  4. Juanjo’s avatar

    Hola a todos, lo primero decir que genial el artículo, Amalio:

    Vengo del mundo de la ciencia (más info aquí: http://gotteros.blogspot.com/2009/10/la-ciencia-en-espana-no-necesita.html) donde citar a las fuentes es imprescindible:

    Por qué es importante citar las fuentes:

    * Las fuentes son muy contrastables en internet: “los hiperenlaces socaban las jerarquías”. – En un post con numerosas fuentes, puedes comprobar algunas de ellas al azar y tener una buena idea de su rigurosidad

    * La rigurosidad es precisamente el principal problema (para mí) de la producción colaborativa en internet.(vease wikipedia y las palabras de Amenabar)

    * Hay personas con más credibilidad que otras y eso es muy rentable temporalmente hablando; no podemos contrastar cada una de las ideas que nos nombran.

    * Hay ideas complejas, profundas, con muchos matices que precisan una información extensa. A veces no hay tiempo (o espacio) para hacerlo y debes limitarte a una cita.

    - Han sido solo un par de puntos a favor de las fuentes. Es evidente que hay un “marquismo” enorme a su alrededor, pero creo que las personas ya son mayorcitas para decidir qué se creen y por qué.

    Un saludo a tod@s. Seguimos…

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  5. arati’s avatar

    Genial la gráfica!
    En el blog de arati… como un melocotón

    This comment was originally posted on los sueños de la razón

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  6. Miquel Rodríguez’s avatar

    Sobre las organizaciones y sus recursos, que son humanos, reflexiona muy bien Nacho en Las personas que no amaban a las organizaciones: responsabilidades de RRHH. También Uxio, en Estrategias de Diversidad e Inclusión en Recursos Humanos, mete el dedo en el oxímoron. Encuentro que esos artículos están curiosamente relacionados con el de Louis Crandell: El secreto del éxito o como abordar proyectos y no morir en el intento… Que temas tan difíciles, pero es lo que hay, a ver si nos enteramos y empezamos la travesía Hacia una cultura de la complejidad; y, al final, siempre siempre encontramos personas. Ahora más que nunca, ese es mi simplista colofón del extenso e imprescindible artículo de Juan Freire: Medios sociales y cultura digital en las organizaciones. Se remata el tema y, como siempre, se enlaza con el doscerismo en la entrada de Alfonso 9 ideas para una empresa o administración 2.0 ¿Pones tú la décima?.

    En busca de la décima y de la undécima estamos los consultores y para demostrar que lo artesano no quita lo valiente, Odilas se metió en un amable y clarificador Duelo de consultores. No es un duelo a dos, es más una legión la de artículos sobre el tema que recopila Amalio en el artículo de emotools Reinventando la consultoría al que también hace referencia en un post con el mismo título. A la vista de la cantidad y extensión del tema no sé yo si hablamos de reinvención o de restauración de un concepto ya con cierta edad.

    Esto de estar docerodeando puede tener sus consecuencias, como la que ilustra esta gráfica encontrada en Indexed:

    Y nos puede llevar a curiosas conclusiones y aspiraciones como las de Félix, que Quiere escribir una novela en un post de Twitter. No sé yo… Claro que vete a saber, si hasta Arthur C. Clarke vaticinó Twitter, que lo descubrieron en Barriblog. En cambio, otra potente mente no iba tan bien encaminada, lo comenta Ramón en Lo que Picasso no sabía y, con la excusa, nos presenta una interesante reflexión sobre el papel de las nuevas herramientas del conocimiento. No perdamos el norte o, al menos, dejemos etiquetas como miguitas por donde andemos, que no nos pase como a san do pen que Ya sabe por qué no encontraba nada cuando lo ordenaba todo muy bien.

    En fin, acabo con una nostalgia de la simplicidad en Añoranza de las cosas básicas, de Jesús; una desacralización en De ideas y nombres: ¿importa tanto la fuente? de Amalio; y el vaticinio de unos re(d)conocimientos que llegarán este miércoles en Barcelona, ¿no, Anna? Viejos conocidos.

    ¡Compártelo!

    This comment was originally posted on los sueños de la razón

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  7. Anna’s avatar

    Esta semana, el post es como ir de la mano por los blogs. Empezaba a caminar a trompicones…

    This comment was originally posted on los sueños de la razón

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